martes, 7 de julio de 2009
lunes, 8 de junio de 2009
INFIDELIDADES (10)
Había pasado el resto del día comido por los nervios y tarifando la extensa factura de gastos que llevaba acumulados en el caso de los de Andrés.
En un principio era relativamente un caso sencillo. Pero todo lo sencillo tiende a complicarse por alguna extraña relación causa efecto que nunca acabo de alcanzar.
Ser un detective analítico tiene sus pros y sus contras.
Eran las ocho de la tarde en punto cuando llamé a la señora de Andrés.
- Hola Marta soy Alfred.
- Hola Alfred, dime.
- ¿Le ha invitado su marido esta noche a cenar?
- ¿a cenar? No, claro que no, si ni siquiera dormimos juntos, menos cenamos.
- ¿Le ha dicho si llegaría tarde o si pasaría la noche fuera?
- Sí, dijo que dormiría en casa de su madre. ¿Por qué? ¿Que pasa?
- Con un poco de suerte hoy conseguiré las fotos.
- Es un cerdo.. y ella… ella ¡Es una puta!
- Marta, es muy importante que no perdamos los nervios ahora, mantenme
informado de cualquier cambio y recuerde declinar toda invitación para ir a
cenar esta noche por parte de su marido.
- Si ese cerdo va a ir a cenar con esa ramera quiero las fotos mañana.
- La mantendré informada, Marta. Tranquilícese.
- Quiero las fotos y acabar con esto, Alfred. Estoy harta. Ya no aguanto más.
- Te llamaré mañana, Marta. Confía en mí.
- Llevo 15 días confiando en ti. Acaba con esto.
“Estoy en la furgoneta comiendo palomitas. Mi secretaria me ha mandado un mensaje que no podrá venir así que me espera una larga noche solitaria. Alberto ha salido del trabajo con su coche. Son las ocho treinticinco de la tarde. Le sigo hasta casa de su madre. Como le de por llevar a cenar a la vieja estoy frito. Vuelve a aparecer 40 minutos más tarde, solo, duchado y con un traje nuevo. Me alegro bastante pero no lo exteriorizo, lo más difícil aún esta por lograr. Cruzo los dedos para que vaya dirección paralelo. Mi sonrisa se va ampliando a cada metro que avanzamos por la ronda. Vas directo a la trampa pequeño cervatillo. Tramamos el diseño de mi rompecabezas analítico con las cuatro ruedas de su deportivo remarcándolas yo varios metros por detrás con las de mi furgoneta. Me aparca en doble fila medio subido al carril bici y aquí no me puedo detener sin llamar su atención, apaga el motor, va a bajar, paso de largo por delante suyo y me desvío en el semáforo hacia la derecha. Freno de mano. Cojo la cámara de fotos y salgo corriendo. Alberto esta apoyado en su coche esperando, Candela aún no ha bajado, él mira su reloj, yo miro a mi alrededor desde la esquina sin perder ojo a la furgoneta mal estacionada.
La av. Paralelo a las diez menos cuarto de la noche no es precisamente un sitio tranquilo. La espera esta vez sí se me hace eterna. Diecisiete minutos escondido tras la señal de stop de la esquina vigilando con un ojo a Alberto y con el otro a mi furgo deja bizco a cualquiera. Cuando por fin baja Candela vestida de largo, toda de negro, no parece una puta pero yo si lo pienso, pienso de corazón: ya era hora, puta de los cojones. Alberto le besa la mano, no es mucho pero lo capturo con mi cámara, también como le abre la puerta. Abro zoom para que se vea bien la matricula de su deportivo. Alberto de Andrés es todo un caballero. Estoy muy emocionado. Me guiño el ojo a mi mismo en el retrovisor interior de la furgoneta tras cerrar la puerta y arranco a toda prisa dirección al Ritz.”
Evidentemente les cacé entrando y también saliendo del lujoso hotel a la mañana siguiente. No había elegido el Ritz al azar. El Ritz es un sitio ideal para atraer un nuevo rico putero hijo de papá como Alberto de Andrés, desde luego que tras quince días de seguimiento ya conocía sus hábitos lo suficiente como para saber que era un buen cebo, pero habría otros sitios similares si solo se tratara de eso. Elegí el Ritz porque tengo mano con uno de los botones. Los detectives siempre tratamos de que la bolsa de favores este de nuestro lado y ese tío me debía un par.
Tener a Alberto entrando y saliendo con su amante de un hotel de lujo ya era de sobra suficiente para que Marta de Andrés me diera las gracias, un abrazo con sus gomas operadas y una buena propina que lógicamente no aceptaría primero porque ya me la había cobrado antes en la factura y segundo porque las personas que no aceptan propinas me dan seguridad; y yo soy un agente de la seguridad no el botones Sacarino.
Para mi el hecho de que Marta ganase el juicio ya era irrelevante. Ser el mejor supone esfuerzos adicionales y ciertamente gratuitos. Entre hacerlo y no hacerlo, si se puede, se hace. Pasé por recepción a recoger el receptor y la mini-cámara que había estado toda la noche escondida tras el espejo de la habitación 306, ya me estaba esperando Pedro, mi eficiente y por lo que pude notar bastante nervioso botones. Le dí las gracias y me puso cara como de que hay favores que son mas bien putadas.
Al llegar al despacho visioné todo el material en blanco y negro con el fastforward para asegurarme que contenía información. No vi nada nuevo, no era un material con el que poder masturbarse a gusto precisamente, solo un plano estático bastante borroso y que a menudo no enfocaba nada en concreto, medias partes de cuerpos y cosas así.
Pensé que de algún modo tenia cierto encanto erotizante, reflejo de estos tiempos modernos; lo que ya no pude imaginar era lo que pensaría la señora Marta de Andrés cuando lo viera, intrigado a la par que emocionado por cerrar el caso me apresuré en llamarla.
Habréis podido comprobar que el trabajo analítico en la investigación privada siempre da sus resultados. No es algo exclusivo de los casos con asesinatos, mayordomos y salones de té. También en los casos más vulgares y cotidianos como podría ser el caso de los de Andrés.
Es algo que deberían aprender muchos de mis compañeros de profesión. Quizá algunos ya lo sepan pero supongo que la pereza, las largas esperas y las dietas ricas en grasas saturadas surgen efecto en ellos. De un modo u otro como ya sabéis los detectives no podemos dejar de ser un poco capullos. Son los gajes de un oficio que consiste fundamentalmente en meterse en el culo de los demás con los ojos muy abiertos y una gran linterna de cuatro pilas.
CASO CERRADO.
En un principio era relativamente un caso sencillo. Pero todo lo sencillo tiende a complicarse por alguna extraña relación causa efecto que nunca acabo de alcanzar.
Ser un detective analítico tiene sus pros y sus contras.
Eran las ocho de la tarde en punto cuando llamé a la señora de Andrés.
- Hola Marta soy Alfred.
- Hola Alfred, dime.
- ¿Le ha invitado su marido esta noche a cenar?
- ¿a cenar? No, claro que no, si ni siquiera dormimos juntos, menos cenamos.
- ¿Le ha dicho si llegaría tarde o si pasaría la noche fuera?
- Sí, dijo que dormiría en casa de su madre. ¿Por qué? ¿Que pasa?
- Con un poco de suerte hoy conseguiré las fotos.
- Es un cerdo.. y ella… ella ¡Es una puta!
- Marta, es muy importante que no perdamos los nervios ahora, mantenme
informado de cualquier cambio y recuerde declinar toda invitación para ir a
cenar esta noche por parte de su marido.
- Si ese cerdo va a ir a cenar con esa ramera quiero las fotos mañana.
- La mantendré informada, Marta. Tranquilícese.
- Quiero las fotos y acabar con esto, Alfred. Estoy harta. Ya no aguanto más.
- Te llamaré mañana, Marta. Confía en mí.
- Llevo 15 días confiando en ti. Acaba con esto.
“Estoy en la furgoneta comiendo palomitas. Mi secretaria me ha mandado un mensaje que no podrá venir así que me espera una larga noche solitaria. Alberto ha salido del trabajo con su coche. Son las ocho treinticinco de la tarde. Le sigo hasta casa de su madre. Como le de por llevar a cenar a la vieja estoy frito. Vuelve a aparecer 40 minutos más tarde, solo, duchado y con un traje nuevo. Me alegro bastante pero no lo exteriorizo, lo más difícil aún esta por lograr. Cruzo los dedos para que vaya dirección paralelo. Mi sonrisa se va ampliando a cada metro que avanzamos por la ronda. Vas directo a la trampa pequeño cervatillo. Tramamos el diseño de mi rompecabezas analítico con las cuatro ruedas de su deportivo remarcándolas yo varios metros por detrás con las de mi furgoneta. Me aparca en doble fila medio subido al carril bici y aquí no me puedo detener sin llamar su atención, apaga el motor, va a bajar, paso de largo por delante suyo y me desvío en el semáforo hacia la derecha. Freno de mano. Cojo la cámara de fotos y salgo corriendo. Alberto esta apoyado en su coche esperando, Candela aún no ha bajado, él mira su reloj, yo miro a mi alrededor desde la esquina sin perder ojo a la furgoneta mal estacionada.
La av. Paralelo a las diez menos cuarto de la noche no es precisamente un sitio tranquilo. La espera esta vez sí se me hace eterna. Diecisiete minutos escondido tras la señal de stop de la esquina vigilando con un ojo a Alberto y con el otro a mi furgo deja bizco a cualquiera. Cuando por fin baja Candela vestida de largo, toda de negro, no parece una puta pero yo si lo pienso, pienso de corazón: ya era hora, puta de los cojones. Alberto le besa la mano, no es mucho pero lo capturo con mi cámara, también como le abre la puerta. Abro zoom para que se vea bien la matricula de su deportivo. Alberto de Andrés es todo un caballero. Estoy muy emocionado. Me guiño el ojo a mi mismo en el retrovisor interior de la furgoneta tras cerrar la puerta y arranco a toda prisa dirección al Ritz.”
Evidentemente les cacé entrando y también saliendo del lujoso hotel a la mañana siguiente. No había elegido el Ritz al azar. El Ritz es un sitio ideal para atraer un nuevo rico putero hijo de papá como Alberto de Andrés, desde luego que tras quince días de seguimiento ya conocía sus hábitos lo suficiente como para saber que era un buen cebo, pero habría otros sitios similares si solo se tratara de eso. Elegí el Ritz porque tengo mano con uno de los botones. Los detectives siempre tratamos de que la bolsa de favores este de nuestro lado y ese tío me debía un par.
Tener a Alberto entrando y saliendo con su amante de un hotel de lujo ya era de sobra suficiente para que Marta de Andrés me diera las gracias, un abrazo con sus gomas operadas y una buena propina que lógicamente no aceptaría primero porque ya me la había cobrado antes en la factura y segundo porque las personas que no aceptan propinas me dan seguridad; y yo soy un agente de la seguridad no el botones Sacarino.
Para mi el hecho de que Marta ganase el juicio ya era irrelevante. Ser el mejor supone esfuerzos adicionales y ciertamente gratuitos. Entre hacerlo y no hacerlo, si se puede, se hace. Pasé por recepción a recoger el receptor y la mini-cámara que había estado toda la noche escondida tras el espejo de la habitación 306, ya me estaba esperando Pedro, mi eficiente y por lo que pude notar bastante nervioso botones. Le dí las gracias y me puso cara como de que hay favores que son mas bien putadas.
Al llegar al despacho visioné todo el material en blanco y negro con el fastforward para asegurarme que contenía información. No vi nada nuevo, no era un material con el que poder masturbarse a gusto precisamente, solo un plano estático bastante borroso y que a menudo no enfocaba nada en concreto, medias partes de cuerpos y cosas así.
Pensé que de algún modo tenia cierto encanto erotizante, reflejo de estos tiempos modernos; lo que ya no pude imaginar era lo que pensaría la señora Marta de Andrés cuando lo viera, intrigado a la par que emocionado por cerrar el caso me apresuré en llamarla.
Habréis podido comprobar que el trabajo analítico en la investigación privada siempre da sus resultados. No es algo exclusivo de los casos con asesinatos, mayordomos y salones de té. También en los casos más vulgares y cotidianos como podría ser el caso de los de Andrés.
Es algo que deberían aprender muchos de mis compañeros de profesión. Quizá algunos ya lo sepan pero supongo que la pereza, las largas esperas y las dietas ricas en grasas saturadas surgen efecto en ellos. De un modo u otro como ya sabéis los detectives no podemos dejar de ser un poco capullos. Son los gajes de un oficio que consiste fundamentalmente en meterse en el culo de los demás con los ojos muy abiertos y una gran linterna de cuatro pilas.
CASO CERRADO.
jueves, 21 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (9)
La partida de 4º nivel al ChessTitans ya casi se había resuelto a mi favor cuando mi secretaria interrumpió mi movimiento de alfil.
- Vaya humareda…
- Hoy no espero a nadie.
- Ya tengo lista la invitación, Alfred ¿quieres verla?
- Sí, claro.
- He investigado la clase de ruedas que usan sus 4x4. Son Dunlop. Así que puse en la invitación que era de parte de Dunlop Neumáticos, está impresa en
papel barato, si te sirve el diseñillo la llevo a imprimir en cartón.
- Es un diseño sobresaliente. Pero hay que añadir algo.
- ¿Algo? Creo que esta todo.
- Yo me lo creería, pero es demasiado formal, necesito asegurar el tiro, que Alberto de Andrés decida ir al Ritz es fácil, , le he seguido mas de quince días y no cabe duda que le gusta comer bien cuando pagan los demás, pero lo que no esta tan claro es que decida que su acompañante sea una prostituta dominicana. Igual ni se lo plantea cuando vea una invitación tan elegante. Mmmm… pongámoselo a huevo… invítalo también a pasar la noche en una habitación.
- ¿En el Ritz? ¿Quién va a pagar eso? ¿La señora Linares? Eso seria cruel.
- ¿El qué?
- Hacerle pagar a la señora Linares una noche en el Ritz para su marido y la amante de alquiler.
- ¿No seria muy buena idea mandarle la factura,no? ¿Puedes cambiar también todos los tonos negros por uno que sea menos mate y más color de látex? Todos los factores influyen.
- Alfred Mercader… ¡el gran detective analítico!
- ¿No os enseñan estas cosas en la universidad?
Me levanté para hacerme otro café de rosabaya colombiana. Carolina es una ayudante muy valiosa, así que el café me lo suelo hacer yo mismo; ella se puso manos a la obra con el photoshop.
El día D.
“Me levanto nervioso, me juego el todo por el todo esta noche, si la presa no muerde el anzuelo se me complicarán las cosas hasta el punto en que tendré que meterme por el culo una factura del Ritz pensión completa la mar de morcillona. Vamos, lo que se viene diciendo un “quemehacesjohny” cojonudo.
Tras ponerme una camiseta Lambretta con unos pantalones Adidas verde hierba y coger la bolsa del gimnasio me dispongo a ir al despacho a relajarme del modo más simple y eficiente que conozco de relajarme yo solo. Aporreando un saco de boxeo.
Veo algunas caras cuando golpeo el saco. Descargo cierta ira contra ellas. A veces son caras ambiguas, otras veces son caras que reconozco a la perfección. Como ahora que tengo enfrente a mi profesor de ciencias en secundaria. El no me reconoce. Tengo los guantes bajados y la pierna derecha adelantada. Dejo que se acerque en su vaivén, le atizo con el puño izquierdo en el higado y le vuelvo atizar con la misma mano otro gancho en el mentón. Gancho bajo – Gancho alto. ¿Ya no te acordabas que era zurdo pequeño bastardo intransigente? Pues yo si me acuerdo de lo mamonazo que eras.
El saco vuelve y practico mi karate con una patada doble, lúcida y suave de pierna derecha. Luego descargo mi jab derecho alternándolo con izquerdazos hasta que me aburro. Por lo visto no aparecen más rostros conocidos hoy.
Me siento en el escritorio, los pelos del pecho me han dibujado un mapa de sudor encima del logo de Lambretta que parece Brasil. Me paso los guantes por el pelo. Llueve sudor en Bahía. Me siento más tranquilo. Menos negativo. Saldrá bien. Tiene que salir bien. Ruido de llaves.
- ¡Huele a sudor!
- Estoy sudado.
- ¿Es de buena mañana y la oficina ya huele a sudor? tengo que ir a la universidad, si me paso aquí demasiado rato se me pegara este olor.
- ¿Me acompañarás esta noche?
- ¿Al Ritz? ¿Tienes mesa?
- ¿Tú que crees?
- Pues contando que yo falsifiqué las invitaciones y por supuesto que yo hice la reserva para dos a nombre de Alberto de Andrés, creo que no, que no tienes mesa y además sospecho que tu propuesta se reduce a estar encerrados en una furgoneta probablemente de nueve de la noche hasta las doce del mediodía del día siguiente, fumando y bebiendo café, con una cámara en el regazo.
- No te necesitare toda la noche. Solo hasta las diez.
- No me meteré en una furgoneta contigo oliendo así.
- Será divertido, escucharemos Pink Floyd.
- Te odio, Alfred. Y me pagas mal.
- Lo sé, y me encanta porque así sé que solo sigues conmigo porque soy el segundo mejor detective privado del mundo.
- ¿Ah si? ¿Y quién es el primero?
- Batman. Pero solo en la etapa de Frank Miller.
- Vaya humareda…
- Hoy no espero a nadie.
- Ya tengo lista la invitación, Alfred ¿quieres verla?
- Sí, claro.
- He investigado la clase de ruedas que usan sus 4x4. Son Dunlop. Así que puse en la invitación que era de parte de Dunlop Neumáticos, está impresa en
papel barato, si te sirve el diseñillo la llevo a imprimir en cartón.
- Es un diseño sobresaliente. Pero hay que añadir algo.
- ¿Algo? Creo que esta todo.
- Yo me lo creería, pero es demasiado formal, necesito asegurar el tiro, que Alberto de Andrés decida ir al Ritz es fácil, , le he seguido mas de quince días y no cabe duda que le gusta comer bien cuando pagan los demás, pero lo que no esta tan claro es que decida que su acompañante sea una prostituta dominicana. Igual ni se lo plantea cuando vea una invitación tan elegante. Mmmm… pongámoselo a huevo… invítalo también a pasar la noche en una habitación.
- ¿En el Ritz? ¿Quién va a pagar eso? ¿La señora Linares? Eso seria cruel.
- ¿El qué?
- Hacerle pagar a la señora Linares una noche en el Ritz para su marido y la amante de alquiler.
- ¿No seria muy buena idea mandarle la factura,no? ¿Puedes cambiar también todos los tonos negros por uno que sea menos mate y más color de látex? Todos los factores influyen.
- Alfred Mercader… ¡el gran detective analítico!
- ¿No os enseñan estas cosas en la universidad?
Me levanté para hacerme otro café de rosabaya colombiana. Carolina es una ayudante muy valiosa, así que el café me lo suelo hacer yo mismo; ella se puso manos a la obra con el photoshop.
El día D.
“Me levanto nervioso, me juego el todo por el todo esta noche, si la presa no muerde el anzuelo se me complicarán las cosas hasta el punto en que tendré que meterme por el culo una factura del Ritz pensión completa la mar de morcillona. Vamos, lo que se viene diciendo un “quemehacesjohny” cojonudo.
Tras ponerme una camiseta Lambretta con unos pantalones Adidas verde hierba y coger la bolsa del gimnasio me dispongo a ir al despacho a relajarme del modo más simple y eficiente que conozco de relajarme yo solo. Aporreando un saco de boxeo.
Veo algunas caras cuando golpeo el saco. Descargo cierta ira contra ellas. A veces son caras ambiguas, otras veces son caras que reconozco a la perfección. Como ahora que tengo enfrente a mi profesor de ciencias en secundaria. El no me reconoce. Tengo los guantes bajados y la pierna derecha adelantada. Dejo que se acerque en su vaivén, le atizo con el puño izquierdo en el higado y le vuelvo atizar con la misma mano otro gancho en el mentón. Gancho bajo – Gancho alto. ¿Ya no te acordabas que era zurdo pequeño bastardo intransigente? Pues yo si me acuerdo de lo mamonazo que eras.
El saco vuelve y practico mi karate con una patada doble, lúcida y suave de pierna derecha. Luego descargo mi jab derecho alternándolo con izquerdazos hasta que me aburro. Por lo visto no aparecen más rostros conocidos hoy.
Me siento en el escritorio, los pelos del pecho me han dibujado un mapa de sudor encima del logo de Lambretta que parece Brasil. Me paso los guantes por el pelo. Llueve sudor en Bahía. Me siento más tranquilo. Menos negativo. Saldrá bien. Tiene que salir bien. Ruido de llaves.
- ¡Huele a sudor!
- Estoy sudado.
- ¿Es de buena mañana y la oficina ya huele a sudor? tengo que ir a la universidad, si me paso aquí demasiado rato se me pegara este olor.
- ¿Me acompañarás esta noche?
- ¿Al Ritz? ¿Tienes mesa?
- ¿Tú que crees?
- Pues contando que yo falsifiqué las invitaciones y por supuesto que yo hice la reserva para dos a nombre de Alberto de Andrés, creo que no, que no tienes mesa y además sospecho que tu propuesta se reduce a estar encerrados en una furgoneta probablemente de nueve de la noche hasta las doce del mediodía del día siguiente, fumando y bebiendo café, con una cámara en el regazo.
- No te necesitare toda la noche. Solo hasta las diez.
- No me meteré en una furgoneta contigo oliendo así.
- Será divertido, escucharemos Pink Floyd.
- Te odio, Alfred. Y me pagas mal.
- Lo sé, y me encanta porque así sé que solo sigues conmigo porque soy el segundo mejor detective privado del mundo.
- ¿Ah si? ¿Y quién es el primero?
- Batman. Pero solo en la etapa de Frank Miller.
sábado, 16 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (8)
Los siguientes quince días los pasé esperando algo que sabía perfectamente que no iba a suceder. Alberto de Andrés visitó la casa de Candela Linares hasta en cuatro ocasiones más pero lógicamente nunca salieron juntos por la puerta. Alberto en dos de esas citas volvió a bajarle la basura. Seguramente se había convertido en una especie de calcuta de Candela. “Calcutas” en el argot es como llaman las prostitutas a sus clientes fijos que enamorados las mantienen económicamente más allá del pago lógico que tendrían sus servicios.
El síndrome del calcuta. Tomado de Mº Teresa lógicamente.
Por lo poco que sabía de Candela me olía que era una cazadora de calcutas profesional.
Durante esas dos semanas tuve al menos la suerte de disfrutar de buena lectura :
El extraño caso de la calle morgue, de Edgar A. Poe, Escupiré sobre vuestras tumbas de B. Vian y Los chicos salvajes de Burroughs, el lector avanzado entenderá que me gustan los libros cortitos.
Un inspector policial haría lo que yo estaba haciendo, esperar que las cosas sucediesen solas, esperar que sonara la flauta, esperar a tener quizá suficientes pruebas como para convencer a un juez para tirar la puerta abajo.
Un detective privado analítico como yo no hacía las cosas así. Consideré que ya había cobrado bastante de los de Andrés solo por culturizarme justo cuando leí un bonito párrafo del libro de Burrows, decía así:
“Unas pocas noches después salió de la cama para coger un cigarrillo inclinándose hacia la mesita, yo me pusé tras de él y escupí en mi dedo y se lo metí por el culo y el suspiró, se echó hacia delante con los codos apoyados en la mesa y me dijo:
- ¿Que me haces Johny?”
En ese punto me pregunté que coño de libro me había recomendado mi secretaria.
Lo cerré y partí con la furgo directo hacia mi despacho.
Al entrar entendí por la reacción de mi secre (como buen detective analítico), y aún sin haber visto la pantalla, que estaba colgada del Facebook.
- Hola Carolina.
- Hola Alfred, ha llamado la señora de Andrés. Dice que te ha estado llamando pero que no se lo coges desde hace tres días..
- Sí, ahora la llamaré. Se me ha ocurrido algo.
- Será mejor, parecía bastante cabreada, tienes el caso en punto muerto y se esta cansando.
En punto muerto. La estudiante de criminología cree que tengo el caso en punto muerto.
- Pásame con ella.
Efectiva tecleó el número en el fijo de su mesa copiándolo de un topic amarillo pegado en la pantalla, ahí en una esquina encima del Facebook.
- ¿Señora de Andrés? Sí, le paso con Alfred.
- Hola Marta, sí soy Alfred, es muy importante que escuche esto: Si su marido la invita a cenar el jueves, no asista.
Tras 3 minutos de convincente charla le pasé el teléfono a Carol para que colgara.
- Necesito una reserva para 2 en el Ritz. El jueves. Y un tríptico con la invitación a nombre de Alberto de Andrés en un sobre. Mándaselo a su trabajo. En el remitente pon… pon… pon alguna marca de 4x4… de coches caros, no sé, ¿Aston Martin podría servir? Por cierto cielo, ¿que clase de libro me recomendaste?
- ¿Cual?¿Los chicos salvajes de burroughs?
- Ahá. Ese mismo.
- ¿Sabías que el escritor mató por accidente de un disparo a su mujer cuando jugaban al Guillermo Tell?
Me fui a mi escritorio a acabarme el libro.
El síndrome del calcuta. Tomado de Mº Teresa lógicamente.
Por lo poco que sabía de Candela me olía que era una cazadora de calcutas profesional.
Durante esas dos semanas tuve al menos la suerte de disfrutar de buena lectura :
El extraño caso de la calle morgue, de Edgar A. Poe, Escupiré sobre vuestras tumbas de B. Vian y Los chicos salvajes de Burroughs, el lector avanzado entenderá que me gustan los libros cortitos.
Un inspector policial haría lo que yo estaba haciendo, esperar que las cosas sucediesen solas, esperar que sonara la flauta, esperar a tener quizá suficientes pruebas como para convencer a un juez para tirar la puerta abajo.
Un detective privado analítico como yo no hacía las cosas así. Consideré que ya había cobrado bastante de los de Andrés solo por culturizarme justo cuando leí un bonito párrafo del libro de Burrows, decía así:
“Unas pocas noches después salió de la cama para coger un cigarrillo inclinándose hacia la mesita, yo me pusé tras de él y escupí en mi dedo y se lo metí por el culo y el suspiró, se echó hacia delante con los codos apoyados en la mesa y me dijo:
- ¿Que me haces Johny?”
En ese punto me pregunté que coño de libro me había recomendado mi secretaria.
Lo cerré y partí con la furgo directo hacia mi despacho.
Al entrar entendí por la reacción de mi secre (como buen detective analítico), y aún sin haber visto la pantalla, que estaba colgada del Facebook.
- Hola Carolina.
- Hola Alfred, ha llamado la señora de Andrés. Dice que te ha estado llamando pero que no se lo coges desde hace tres días..
- Sí, ahora la llamaré. Se me ha ocurrido algo.
- Será mejor, parecía bastante cabreada, tienes el caso en punto muerto y se esta cansando.
En punto muerto. La estudiante de criminología cree que tengo el caso en punto muerto.
- Pásame con ella.
Efectiva tecleó el número en el fijo de su mesa copiándolo de un topic amarillo pegado en la pantalla, ahí en una esquina encima del Facebook.
- ¿Señora de Andrés? Sí, le paso con Alfred.
- Hola Marta, sí soy Alfred, es muy importante que escuche esto: Si su marido la invita a cenar el jueves, no asista.
Tras 3 minutos de convincente charla le pasé el teléfono a Carol para que colgara.
- Necesito una reserva para 2 en el Ritz. El jueves. Y un tríptico con la invitación a nombre de Alberto de Andrés en un sobre. Mándaselo a su trabajo. En el remitente pon… pon… pon alguna marca de 4x4… de coches caros, no sé, ¿Aston Martin podría servir? Por cierto cielo, ¿que clase de libro me recomendaste?
- ¿Cual?¿Los chicos salvajes de burroughs?
- Ahá. Ese mismo.
- ¿Sabías que el escritor mató por accidente de un disparo a su mujer cuando jugaban al Guillermo Tell?
Me fui a mi escritorio a acabarme el libro.
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Infidelidades (8)
jueves, 14 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (7)
Al día siguiente me despertó Roger Daltrey desde mi móvil, This is my g-ge- generation! Me lo cantaba desde dentro de uno de los bolsillos de los pantalones, que por algún motivo habían quedado sepultados en una silla bajo un montón de ropa por lavar. Siempre me gustó ese pequeño tartamudeo que a menudo pasamos por alto en la canción. My G-ge-geeneratiooon. Entra metido en un contexto cojonudo.
Conseguí desenterrar el teléfono antes de que los who pudieran acabar su tema .
Era la señora de Andrés y yo me estaba meando encima.
- ¿Alfred?
- Sí soy Alfred, buenos días.
- Soy Marta de Andrés, era para saber como avanzaba la investigación, has descubierto algo más sobre la mujer que se vio con mi marido?
Todo eso era un asunto muy delicado pero como no orinase rápido no sabía si me iba a explotar primero la polla o el cerebro.
- Sí, sí.. he averiguado a que se dedica… su edad, estado civil, lugar de procedencia… Sería mejor que nos viéramos hoy.
- No puedo venir hoy, si hay algo que deba saber dímelo ahora, Alfred.
Apreté fuerte el culo.
- Mira Marta es un asunto complicado…
- ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué descubriste?
- Creo que…
Respire hondo y me senté en el pie de la cama con las piernas muy cruzadas.
- Creo que debería vigilar los números de forma preventiva. Si comparte cuentas con su marido, debería acudir al banco. Buscar irregularidades.
- Ya he vigilado mis cuentas, no hay ningún movimiento extraño, es lo primero que hice cuando empecé a sospechar.
- Pues sígalo haciendo.
Descrucé y volví a cruzar las piernas. No sirvió de nada y me levanté.
- ¿Pero entonces que has descubierto Alfred?
Era mejor soltárselo y acabar con esto antes de que el dolor de bufeta me desconectara del todo las ideas. Pero no es fácil comportarse como un detective analítico cuando te meas encima.
- ¿Alfred?
- Bueno Marta, es un poco pronto para sacar conclusiones, pero por ahora las evidencias parecen indicar que su marido podría estar manteniendo algún tipo de relación sadomasoquista con la señora Candela Linares.
- (Silencio)
- Normalmente estas relaciones suelen dejar señales, marcas en el cuerpo, hematomas, evidencias, no se si ha detectado algo de eso en su marido.
- Sí… sí...
- ¿Lo ha detectado?
- Creo que sí, sí…
- ¿Moratones, cardenales o quemaduras?
Estaba empezando a desvariar. Decidí ir al baño tratando de no perder el hilo de la conversación.
- Alguna vez algo me ha parecido… pero… no estoy segura…
- Debería fijarse en estas cosas en adelante, pero insisto, esa mujer no parecía ser precisamente económica, en estas relaciones la exigencia material es muy elevada, ¿me comento una vez que su marido trabaja en la empresa de sus padres?
- Si trabaja con su padre y sus hermanos. El es el pequeño de los tres.
Apunté en el mármol del retrete con la intención de amortiguar el sonido de mi riachuelo al fusionarse con el agua.
- Quizá este sacando el dinero de la empresa entonces.
- Menudo imbécil. De pensarlo me dan nauseas… ¿has conseguido pruebas?
- Tengo fotos con su marido entrando y saliendo del portal y tengo una grabación
donde queda patente el tipo de profesión a la que se esta dedicando ella.
- No es suficiente ante un juez. Quiero fotos de los dos juntos.
- Entiendo, pero eso puede llevar muchos días, estas relaciones se mantienen de puertas para adentro, difícilmente vayan a cenar o al cine juntos, estas no son cosas que se hagan con las ventanas abiertas, Marta.
- No lo sé, Alfred, tu eres el detective. Ya te dije que pagaría lo que hiciera falta pero me juego demasiadas cosas en esto. Quiero fotos.
Realmente no tenía ni la mas remota idea de cómo iba a poder conseguirlas pero orinar me había relajado en sobremanera.
- Esta bien Marta. Tendrás las fotos.
Conseguí desenterrar el teléfono antes de que los who pudieran acabar su tema .
Era la señora de Andrés y yo me estaba meando encima.
- ¿Alfred?
- Sí soy Alfred, buenos días.
- Soy Marta de Andrés, era para saber como avanzaba la investigación, has descubierto algo más sobre la mujer que se vio con mi marido?
Todo eso era un asunto muy delicado pero como no orinase rápido no sabía si me iba a explotar primero la polla o el cerebro.
- Sí, sí.. he averiguado a que se dedica… su edad, estado civil, lugar de procedencia… Sería mejor que nos viéramos hoy.
- No puedo venir hoy, si hay algo que deba saber dímelo ahora, Alfred.
Apreté fuerte el culo.
- Mira Marta es un asunto complicado…
- ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Qué descubriste?
- Creo que…
Respire hondo y me senté en el pie de la cama con las piernas muy cruzadas.
- Creo que debería vigilar los números de forma preventiva. Si comparte cuentas con su marido, debería acudir al banco. Buscar irregularidades.
- Ya he vigilado mis cuentas, no hay ningún movimiento extraño, es lo primero que hice cuando empecé a sospechar.
- Pues sígalo haciendo.
Descrucé y volví a cruzar las piernas. No sirvió de nada y me levanté.
- ¿Pero entonces que has descubierto Alfred?
Era mejor soltárselo y acabar con esto antes de que el dolor de bufeta me desconectara del todo las ideas. Pero no es fácil comportarse como un detective analítico cuando te meas encima.
- ¿Alfred?
- Bueno Marta, es un poco pronto para sacar conclusiones, pero por ahora las evidencias parecen indicar que su marido podría estar manteniendo algún tipo de relación sadomasoquista con la señora Candela Linares.
- (Silencio)
- Normalmente estas relaciones suelen dejar señales, marcas en el cuerpo, hematomas, evidencias, no se si ha detectado algo de eso en su marido.
- Sí… sí...
- ¿Lo ha detectado?
- Creo que sí, sí…
- ¿Moratones, cardenales o quemaduras?
Estaba empezando a desvariar. Decidí ir al baño tratando de no perder el hilo de la conversación.
- Alguna vez algo me ha parecido… pero… no estoy segura…
- Debería fijarse en estas cosas en adelante, pero insisto, esa mujer no parecía ser precisamente económica, en estas relaciones la exigencia material es muy elevada, ¿me comento una vez que su marido trabaja en la empresa de sus padres?
- Si trabaja con su padre y sus hermanos. El es el pequeño de los tres.
Apunté en el mármol del retrete con la intención de amortiguar el sonido de mi riachuelo al fusionarse con el agua.
- Quizá este sacando el dinero de la empresa entonces.
- Menudo imbécil. De pensarlo me dan nauseas… ¿has conseguido pruebas?
- Tengo fotos con su marido entrando y saliendo del portal y tengo una grabación
donde queda patente el tipo de profesión a la que se esta dedicando ella.
- No es suficiente ante un juez. Quiero fotos de los dos juntos.
- Entiendo, pero eso puede llevar muchos días, estas relaciones se mantienen de puertas para adentro, difícilmente vayan a cenar o al cine juntos, estas no son cosas que se hagan con las ventanas abiertas, Marta.
- No lo sé, Alfred, tu eres el detective. Ya te dije que pagaría lo que hiciera falta pero me juego demasiadas cosas en esto. Quiero fotos.
Realmente no tenía ni la mas remota idea de cómo iba a poder conseguirlas pero orinar me había relajado en sobremanera.
- Esta bien Marta. Tendrás las fotos.
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Infidelidades (7)
martes, 12 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (6)
Tras dejar a Alberto miré el reloj autómatamente para apuntar la hora de su llegada en el bloc de notas de la guantera. 08:40 PM El zorro vuelve a su madriguera. Aparté lo justo la furgoneta del hogar y las ventanas de los de Andrés pero sin irme demasiado lejos. Era buena hora para resolver un asunto pendiente. Marqué el número de Candela Linares accionando el modo grabadora del móvil y envolví el aparato hasta dos veces con un pañuelo para modificar los graves de mi voz. Apagué el contacto de la furgo y descolgaron justo después del Rassss! del freno de mano.
- Si ¿Dígame?
- Hola…¿Candela?
- ¿Hola? ¿Con quién hablo?
- Hola, mira me han dicho que eres muy buena haciendo ciertos servicios especiales..
- Ahá, ¿y quien te dijo eso?
- Mi abogado.
- Que gracioso.
- Me han puesto los dientes largos y me gustaría probar.
- Para empezar deberías llamarme “Ama” Candela y mostrar tu respeto.
- Claro, Ama Candela. Soy Alfred.
- Bien ¿sabes que te voy a costar un montón de dinero, pequeño Alfred?
- Sí, eso quiero, que me uses, Ama Candela, el dinero no importa si me das lo que necesito.
- A mí sí me importa. Y háblame de usted. No estás hablando con una puta cualquiera.
- Perdone, Ama Candela. No volverá a ocurrir.
- ¿Qué cosas te gustan, pequeño Alfred?
- Bueno soy algo nuevo en esto, no sé que me podrías ofrecer.
- ¿Nunca has practicado sadomasoquismo antes?
- No, Ama Candela. Nunca, bueno... con alguna aficionada hice mis pinitos, pero sería mi primera sesión con una mistress de su altura.
- Ahá, no te vas a arrepentir. A partir de ahora vas a ser mío. Olvida todo lo demás,
vivirás y comerás para mí.
- Sí, mi ama.
- Nos conoceremos esta noche. ¿Sabes dónde vivo?
- Sí lo tengo apuntado, por av. paralelo… 56.. 2º1º?
- Ok, pues te espero a las once para conocernos y no vengas con las manos vacías si no quieres probar mi potro de torturas.
- Gracias Ama Candela, no faltaré.
Desgraciadamente nunca llegué a ir a tan sugerente cita. Esa noche me limité a volver a mi casa, ducharme, freir unos huevos y escuchar de nuevo la conversación para asegurarme que había quedado bien registrada en mi Nokia.
Todo un carácter la señorita Candela, sacar el dinero a sus clientes de ese modo me pareció por un momento casi digno de admiración; rápidamente me surgieron dudas, quizá lo único que hacía era aprovecharse de enfermos mentales, de sus trastornos psicológicos y de sus vidas irremediablemente vacías de ciudad para sangrarles la cartera. Luego pensé que eso también era exactamente lo que hacia yo en el caso de los de Andrés.
De algún modo sentirme tan cerca de una prostituta dominicana me revolvió las tripas; o quizá sólo fuera la rosabaya mezclándose con los huevos fritos, no lo sé, pero esa noche ya no serví para nada.
- Si ¿Dígame?
- Hola…¿Candela?
- ¿Hola? ¿Con quién hablo?
- Hola, mira me han dicho que eres muy buena haciendo ciertos servicios especiales..
- Ahá, ¿y quien te dijo eso?
- Mi abogado.
- Que gracioso.
- Me han puesto los dientes largos y me gustaría probar.
- Para empezar deberías llamarme “Ama” Candela y mostrar tu respeto.
- Claro, Ama Candela. Soy Alfred.
- Bien ¿sabes que te voy a costar un montón de dinero, pequeño Alfred?
- Sí, eso quiero, que me uses, Ama Candela, el dinero no importa si me das lo que necesito.
- A mí sí me importa. Y háblame de usted. No estás hablando con una puta cualquiera.
- Perdone, Ama Candela. No volverá a ocurrir.
- ¿Qué cosas te gustan, pequeño Alfred?
- Bueno soy algo nuevo en esto, no sé que me podrías ofrecer.
- ¿Nunca has practicado sadomasoquismo antes?
- No, Ama Candela. Nunca, bueno... con alguna aficionada hice mis pinitos, pero sería mi primera sesión con una mistress de su altura.
- Ahá, no te vas a arrepentir. A partir de ahora vas a ser mío. Olvida todo lo demás,
vivirás y comerás para mí.
- Sí, mi ama.
- Nos conoceremos esta noche. ¿Sabes dónde vivo?
- Sí lo tengo apuntado, por av. paralelo… 56.. 2º1º?
- Ok, pues te espero a las once para conocernos y no vengas con las manos vacías si no quieres probar mi potro de torturas.
- Gracias Ama Candela, no faltaré.
Desgraciadamente nunca llegué a ir a tan sugerente cita. Esa noche me limité a volver a mi casa, ducharme, freir unos huevos y escuchar de nuevo la conversación para asegurarme que había quedado bien registrada en mi Nokia.
Todo un carácter la señorita Candela, sacar el dinero a sus clientes de ese modo me pareció por un momento casi digno de admiración; rápidamente me surgieron dudas, quizá lo único que hacía era aprovecharse de enfermos mentales, de sus trastornos psicológicos y de sus vidas irremediablemente vacías de ciudad para sangrarles la cartera. Luego pensé que eso también era exactamente lo que hacia yo en el caso de los de Andrés.
De algún modo sentirme tan cerca de una prostituta dominicana me revolvió las tripas; o quizá sólo fuera la rosabaya mezclándose con los huevos fritos, no lo sé, pero esa noche ya no serví para nada.
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Infidelidades (6)
viernes, 8 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (5)
Como ya había previsto en el bar, la mezcolanza de la rosabaya colombiana con el durum pakistaní desembocó en una especie de guerra santa del Islam contra los sicarios del cartel de Medellín en mi curtido estomago de detective.
Solté la bomba atómica desde el B-9 antes de que el conflicto llegara a mayores.
Puede ver entre mis piernas Hiroshima y Nagasaki haciendo ondas expansivas en el fondo del retrete. Y en medio, ahí estaba la gran seta.
- Lucky Strike, Enola Gay!
No había rastro del jamón ni del lote de embutidos en el despacho así que me senté en el escritorio a esperar a mi secretaría jugando al ChessTitans. Estaba en el nivel 4. Hasta ahora el software no me había dado muchos problemas para vencerle. No soy un gran ajedrecista, de niño lo detestaba y para ser muy bueno en algo hay que practicarlo desde muy temprana edad. Yo de chaval prefería el Arkanoid pero aún así el nivel 4 ya había perdido su torre y los dos caballos cuando llegó mi secretaría cargada con un variado surtido de productos ibéricos.
Ahora podía seguir jugando al chess o dejar la partida guardada y volver al Paralelo.
Contando que mis honorarios habían aumentado considerablemente al añadir la cesta de Navidul de cara al baremo final que facturarle a la señora de Andrés, pensé que sería mejor no prolongar un día más el siguiente paso a llevar a cabo. Identificar físicamente
a Candela Linares.
Me vestí con una camisa y unos pantalones bastante más vulgares que el jersey de fred perrys y los tejanos que llevaba puestos con el fin de aparentar lo que imaginé sería la justa sobriedad de un transportista de Navidul,
Cargue la cesta con el jamón en la parte trasera de la furgoneta y miré la hora en el panel de mando una vez sentado al volante. 05:26 pm. Una hora cojonuda para hacer entregas.
Llamé al interfono del 2º1º en avenida paralelo, 56.
-¿Quién llama?
- Navidul! Le traigo un paquete.
“Se abre la puerta, subo en ascensor con la cesta en los pies y el jamon manchándome las mangas de la camisa de grasa porcina. La puerta esta cerrada así que le doy al timbre como puedo sin soltar el jamón. La puerta se abre. Es ella. Viste con un camisón negro y largo, no parece que mintiera con la edad, pero sin ser bonita se mantiene muy bien.
Sus rasgos son duros, intimidan un poco.
- Le traigo un Jamón y un variado de Ibéricos de Navidul.
- Ah sí, que rápidos, por lo de la encuesta de esta mañana, déjelo aquí
mismo. ¿No tendré que pagar nada, no?
- Por supuesto que no solo echarme una firmita conforme le ha sido entregado.
¿Quiere que le deje esto en la cocina? Lo digo porque mancha un poco. El jamón es
lo que tiene.
- Oh, pues si por favor. Mejor. Así ya le firmo ahí.
Cruzo la casa con ella, el piso esta en buen estado, antiguo pero reformado, el clima es bastante cálido, la luz es tenue, hay una mesa baja, las persianas dejan entrar un palmo de luz que las cortinas filtran tiñendo el sofá marfil de un tono mas salmón. Llegamos a la cocina. Esta todo limpio. Dejo el jamón y la cesta al lado del salpicadero y le doy un boleto a Candela.
-Solo tiene que rellenarme esto.
-Ok, quiere un vaso de agua?
- Em no pero si no le importa podría dejarme usar su baño?
A Candela se le cambia un poco el estricto rostro, aunque reacciona con cierta naturalidad.
- Sí, ahí, es la segunda puerta.
Salgo de la cocina mientras Candela rellena un presunto boleto de entrega que no lleva a ningún lado. Paso por delante de la primera puerta, esta cerrada me ha dicho la segunda pero quiero entrar en las dos, si me ve diré que entendí mal su indicación, no me lo pienso y abro la puerta que no es.
Un hombre calvo atado y amordazado a un potro de tortura con una pinza de metal en cada pezón y varias más en los huevos me mira con los ojos muy abiertos levantando el cuello. Por su mueca de espanto entiendo que lo último que quiere ver este tío ahora es mi cara.
Escucho un bbbbzzzz. Un sonido de vibración sorda, apagada; persistente pero sutil se esta filtrando en mis oídos. Este hombre debe llevar eso metido ahí dentro desde que llamé por el telefonillo. Cierro la puerta y ahora sí, me meto en el baño. Todo parece normal aquí dentro, corro la cortina de la bañera. Examino los botes. Abro un pequeño armario y dos cajones. Me miro al espejo y me lavo las manos en el salpicadero. Tiro la cadena y vuelvo a la cocina. Candela justo ya esta acabando de rellenar el formulario. Hora de marcharse.”
Me quedé en el bar de Mohama tomando un Campari hasta las siete, después me fui con la furgo a buscar a Alberto de Andrés para seguirlo desde su salida del trabajo. Esta vez se portó bien y fue directo a casa.
Solté la bomba atómica desde el B-9 antes de que el conflicto llegara a mayores.
Puede ver entre mis piernas Hiroshima y Nagasaki haciendo ondas expansivas en el fondo del retrete. Y en medio, ahí estaba la gran seta.
- Lucky Strike, Enola Gay!
No había rastro del jamón ni del lote de embutidos en el despacho así que me senté en el escritorio a esperar a mi secretaría jugando al ChessTitans. Estaba en el nivel 4. Hasta ahora el software no me había dado muchos problemas para vencerle. No soy un gran ajedrecista, de niño lo detestaba y para ser muy bueno en algo hay que practicarlo desde muy temprana edad. Yo de chaval prefería el Arkanoid pero aún así el nivel 4 ya había perdido su torre y los dos caballos cuando llegó mi secretaría cargada con un variado surtido de productos ibéricos.
Ahora podía seguir jugando al chess o dejar la partida guardada y volver al Paralelo.
Contando que mis honorarios habían aumentado considerablemente al añadir la cesta de Navidul de cara al baremo final que facturarle a la señora de Andrés, pensé que sería mejor no prolongar un día más el siguiente paso a llevar a cabo. Identificar físicamente
a Candela Linares.
Me vestí con una camisa y unos pantalones bastante más vulgares que el jersey de fred perrys y los tejanos que llevaba puestos con el fin de aparentar lo que imaginé sería la justa sobriedad de un transportista de Navidul,
Cargue la cesta con el jamón en la parte trasera de la furgoneta y miré la hora en el panel de mando una vez sentado al volante. 05:26 pm. Una hora cojonuda para hacer entregas.
Llamé al interfono del 2º1º en avenida paralelo, 56.
-¿Quién llama?
- Navidul! Le traigo un paquete.
“Se abre la puerta, subo en ascensor con la cesta en los pies y el jamon manchándome las mangas de la camisa de grasa porcina. La puerta esta cerrada así que le doy al timbre como puedo sin soltar el jamón. La puerta se abre. Es ella. Viste con un camisón negro y largo, no parece que mintiera con la edad, pero sin ser bonita se mantiene muy bien.
Sus rasgos son duros, intimidan un poco.
- Le traigo un Jamón y un variado de Ibéricos de Navidul.
- Ah sí, que rápidos, por lo de la encuesta de esta mañana, déjelo aquí
mismo. ¿No tendré que pagar nada, no?
- Por supuesto que no solo echarme una firmita conforme le ha sido entregado.
¿Quiere que le deje esto en la cocina? Lo digo porque mancha un poco. El jamón es
lo que tiene.
- Oh, pues si por favor. Mejor. Así ya le firmo ahí.
Cruzo la casa con ella, el piso esta en buen estado, antiguo pero reformado, el clima es bastante cálido, la luz es tenue, hay una mesa baja, las persianas dejan entrar un palmo de luz que las cortinas filtran tiñendo el sofá marfil de un tono mas salmón. Llegamos a la cocina. Esta todo limpio. Dejo el jamón y la cesta al lado del salpicadero y le doy un boleto a Candela.
-Solo tiene que rellenarme esto.
-Ok, quiere un vaso de agua?
- Em no pero si no le importa podría dejarme usar su baño?
A Candela se le cambia un poco el estricto rostro, aunque reacciona con cierta naturalidad.
- Sí, ahí, es la segunda puerta.
Salgo de la cocina mientras Candela rellena un presunto boleto de entrega que no lleva a ningún lado. Paso por delante de la primera puerta, esta cerrada me ha dicho la segunda pero quiero entrar en las dos, si me ve diré que entendí mal su indicación, no me lo pienso y abro la puerta que no es.
Un hombre calvo atado y amordazado a un potro de tortura con una pinza de metal en cada pezón y varias más en los huevos me mira con los ojos muy abiertos levantando el cuello. Por su mueca de espanto entiendo que lo último que quiere ver este tío ahora es mi cara.
Escucho un bbbbzzzz. Un sonido de vibración sorda, apagada; persistente pero sutil se esta filtrando en mis oídos. Este hombre debe llevar eso metido ahí dentro desde que llamé por el telefonillo. Cierro la puerta y ahora sí, me meto en el baño. Todo parece normal aquí dentro, corro la cortina de la bañera. Examino los botes. Abro un pequeño armario y dos cajones. Me miro al espejo y me lavo las manos en el salpicadero. Tiro la cadena y vuelvo a la cocina. Candela justo ya esta acabando de rellenar el formulario. Hora de marcharse.”
Me quedé en el bar de Mohama tomando un Campari hasta las siete, después me fui con la furgo a buscar a Alberto de Andrés para seguirlo desde su salida del trabajo. Esta vez se portó bien y fue directo a casa.
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infidelidades (5)
miércoles, 6 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (4)
Llegué al portal de Candela a las 11: 40. Lo primero era cerciorarse de que estaba en casa, así que llamé desde una cabina telefónica algo apartada de la av. Paralelo y su mundanal ruido de motores de autobús.
- Hola ¿dígame?
- Muy buenos días, la señora Candela Linares?
- Sí soy yo, ¿quién habla?
- Le habla Arturo Romero estoy realizando una encuesta para Navidul, la marca de embutidos, ¿la conoce?
- Oh lo siento ahora estoy ocupada. No le puedo atender...
- Bueno solo le llevará dos minutos y Navidul le regalará un jamón y un lote de productos de nuestra empresa para celebrar el 20 aniversario.
- Ok, pero que sea rápido por favor.
- Sí, claro que sí, será muy rápido. ¿Que edad tiene usted señora Linares?
- 42 años.
- ¿Es usted de nacionalidad española?
- Sí, yo tengo la doble nacionalidad. Española y dominicana.
- Muy bien. ¿Vive usted sola o con mas gente en la casa?
- No, vivo yo sola desde que me divorcié de mi marido.
- Caramba, lo siento. ¿Trabaja usted?
- Sí, digo no, ¿oiga esta encuesta no debería ir sobre jamones?
- Sí claro, son solo para poder situarla en la estadística, ¿que le parece nuestra marca?
- Está bien, alguna vez la he comprado en el super.
- ¿Le importaría decirme a que supermercado suele ir a comprar?
- Al Consum, es el que me queda mas cerca de casa.
- Ahá, ¿Sería tan amable de evaluar nuestros jamones del uno al diez?
- Del uno al diez… Pongamos un ocho.
- ¿Y que le parece el precio de los productos Navidul, económicos, ajustados o desmesurados?
- Pues no lo se, ¿ajustados?
- Ajustados, perfecto.
- ¿Quedan muchas preguntas?
- No, solo una mas y ya estaremos, que le parece la figura de Bertín Osborne como imagen de nuestra empresa? ¿Cree que es adecuada?
- ¿Como? ¿Perdone?
- Bertín Osborne representa nuestros productos, ¿no le ha visto nunca en la televisión anunciando nuestros jamones?
- Creo que no, no se de lo que me habla.
- De acuerdo entonces pondré “no sabe no contesta”. Pues muchas gracias señora Linares eso es todo, entre hoy y mañana vendrá un encargado de nuestra empresa para hacerle entrega de un jamón y un lote completo de embutidos Navidul. Muchas gracias por su atención y siga confiando en nuestra marca.
Colgué el teléfono y volví al bar de los musulmanes con vistas al portal de Candela para hacer la espera sentado con un café y sin llamar la atención.
Ahora ya tenía un perfil psicológico de la señora Linares, 42 años mínimo, dominicana, divorciada con nacionalidad española, vive sola y dice que no trabaja.
Lo próximo sería ponerle cara y ojos. Llamé a mi secretaria a tiempo parcial para que me los consiguiera.
Respondió al tercer tono, justo cuando el primer sorbo de café me quemó ligeramente el labio.
- Hola cielo, necesito un jamón y un lote para mañana.
- ¿Navidul no?
- Sí, cuando algo funciona es mejor no cambiarlo.
- ¿Le preguntaste también por Bertín Osborne?
- Sí, pero era una ns/nc
- Decididamente Bertín esta perdiendo fuelle, te tengo que dejar estoy en clase de anatomía forense, Alfred. Pasaré por el despacho al mediodía,
- Gracias cielo, lávate las manos después de vasectomizar los muertos.
- Yo también te quiero.
Esperé tres tranquilos cafés más en el bar de Mohammed controlando el tráfico de afluencia del portal de Candela.
Vi salir una vieja con un perro faldero y la vi volver. La señora apenas se podía agachar para recoger la mini-mierda que había echado el perro pero al final lo consiguió.
Vi un hombre con corbata entrar con llave.
Vi a un cartero.
Vi dos ancianos subir la cesta de la compra
Vi dos hombres entrar después de llamar al interfono y también los vi salir, al cabo de una hora y quince el primero y dos horas treinta el segundo.
Vi dos ancianos subir la cesta de la compra ayudados por una peruana obesa.
Y creo que también vi a una comercial enseñar imagino que el piso que tiene el cartel de “se vende” en la ventana, a una parejita deseosa de hipotecarse. Lo imagine mas o menos por los veinticinco minutos que tardaron en volver a salir y también por el traje chaqueta de la comercial. Esperando se aprende mucho de las rutinas. Esperar en algunos países asiáticos es considerado casi un arte, una ciencia, una cualidad de mucho valor, una fuente de sabiduría inagotable.
Pero yo no obtuve sus frutos y no ví entrar a Alberto de Andrés por esa puerta en toda la mañana. Tampoco vi salir a nadie que me pudiera parecer del perfil de Candela Linares.
Me comí un durum acompañadp con una espumosa caña y a las tres decidí marcharme del bar para hacerme el café en el despacho. Después de un durum en la av. Paralelo, es mejor prevenir.
- Hola ¿dígame?
- Muy buenos días, la señora Candela Linares?
- Sí soy yo, ¿quién habla?
- Le habla Arturo Romero estoy realizando una encuesta para Navidul, la marca de embutidos, ¿la conoce?
- Oh lo siento ahora estoy ocupada. No le puedo atender...
- Bueno solo le llevará dos minutos y Navidul le regalará un jamón y un lote de productos de nuestra empresa para celebrar el 20 aniversario.
- Ok, pero que sea rápido por favor.
- Sí, claro que sí, será muy rápido. ¿Que edad tiene usted señora Linares?
- 42 años.
- ¿Es usted de nacionalidad española?
- Sí, yo tengo la doble nacionalidad. Española y dominicana.
- Muy bien. ¿Vive usted sola o con mas gente en la casa?
- No, vivo yo sola desde que me divorcié de mi marido.
- Caramba, lo siento. ¿Trabaja usted?
- Sí, digo no, ¿oiga esta encuesta no debería ir sobre jamones?
- Sí claro, son solo para poder situarla en la estadística, ¿que le parece nuestra marca?
- Está bien, alguna vez la he comprado en el super.
- ¿Le importaría decirme a que supermercado suele ir a comprar?
- Al Consum, es el que me queda mas cerca de casa.
- Ahá, ¿Sería tan amable de evaluar nuestros jamones del uno al diez?
- Del uno al diez… Pongamos un ocho.
- ¿Y que le parece el precio de los productos Navidul, económicos, ajustados o desmesurados?
- Pues no lo se, ¿ajustados?
- Ajustados, perfecto.
- ¿Quedan muchas preguntas?
- No, solo una mas y ya estaremos, que le parece la figura de Bertín Osborne como imagen de nuestra empresa? ¿Cree que es adecuada?
- ¿Como? ¿Perdone?
- Bertín Osborne representa nuestros productos, ¿no le ha visto nunca en la televisión anunciando nuestros jamones?
- Creo que no, no se de lo que me habla.
- De acuerdo entonces pondré “no sabe no contesta”. Pues muchas gracias señora Linares eso es todo, entre hoy y mañana vendrá un encargado de nuestra empresa para hacerle entrega de un jamón y un lote completo de embutidos Navidul. Muchas gracias por su atención y siga confiando en nuestra marca.
Colgué el teléfono y volví al bar de los musulmanes con vistas al portal de Candela para hacer la espera sentado con un café y sin llamar la atención.
Ahora ya tenía un perfil psicológico de la señora Linares, 42 años mínimo, dominicana, divorciada con nacionalidad española, vive sola y dice que no trabaja.
Lo próximo sería ponerle cara y ojos. Llamé a mi secretaria a tiempo parcial para que me los consiguiera.
Respondió al tercer tono, justo cuando el primer sorbo de café me quemó ligeramente el labio.
- Hola cielo, necesito un jamón y un lote para mañana.
- ¿Navidul no?
- Sí, cuando algo funciona es mejor no cambiarlo.
- ¿Le preguntaste también por Bertín Osborne?
- Sí, pero era una ns/nc
- Decididamente Bertín esta perdiendo fuelle, te tengo que dejar estoy en clase de anatomía forense, Alfred. Pasaré por el despacho al mediodía,
- Gracias cielo, lávate las manos después de vasectomizar los muertos.
- Yo también te quiero.
Esperé tres tranquilos cafés más en el bar de Mohammed controlando el tráfico de afluencia del portal de Candela.
Vi salir una vieja con un perro faldero y la vi volver. La señora apenas se podía agachar para recoger la mini-mierda que había echado el perro pero al final lo consiguió.
Vi un hombre con corbata entrar con llave.
Vi a un cartero.
Vi dos ancianos subir la cesta de la compra
Vi dos hombres entrar después de llamar al interfono y también los vi salir, al cabo de una hora y quince el primero y dos horas treinta el segundo.
Vi dos ancianos subir la cesta de la compra ayudados por una peruana obesa.
Y creo que también vi a una comercial enseñar imagino que el piso que tiene el cartel de “se vende” en la ventana, a una parejita deseosa de hipotecarse. Lo imagine mas o menos por los veinticinco minutos que tardaron en volver a salir y también por el traje chaqueta de la comercial. Esperando se aprende mucho de las rutinas. Esperar en algunos países asiáticos es considerado casi un arte, una ciencia, una cualidad de mucho valor, una fuente de sabiduría inagotable.
Pero yo no obtuve sus frutos y no ví entrar a Alberto de Andrés por esa puerta en toda la mañana. Tampoco vi salir a nadie que me pudiera parecer del perfil de Candela Linares.
Me comí un durum acompañadp con una espumosa caña y a las tres decidí marcharme del bar para hacerme el café en el despacho. Después de un durum en la av. Paralelo, es mejor prevenir.
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Infidelidades (4)
martes, 5 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (3)
Esta vez la señora de Andrés fue menos puntual y yo más madrugador, cuando golpeó en la puerta del despacho yo ya estaba dentro tomando mi café de Rosabaya colombiana y había terminado de imprimir todas las fotos del Caso de Andrés del día anterior. Localicé a Candela Linares en el piso 2º1º gracias a la toma que había sacado en el buzón de su portal.
Invité a la señora de Andrés a sentarse tras darle los buenos días. Escuché su estomago rugir.
- Señora de Andrés, ¿conoce a una mujer llamada Candela Linares que vive en la avenida paralelo 56, 2º1º?
- ¿Candela Linares? no en absoluto, ¿por que? ¿Quién es?
- Lo desconozco pero su marido fue a visitarla ayer al salir del trabajo y estuvo ahí desde las 20:15 hasta las 21:27 horas.
- Ayer llego a casa mas tarde porque tenía una reunión quizá estaba…
- Le saque estas fotos al salir.
- ¿Que hace con una bolsa de basura?
- Estas fotos son del contenido de la bolsa.
- Que hijodeputa. ¿Es su amante? ¿¿Tiene una amante?? ¿De que edad?
- No lo sé, señora de Andrés. Solo llevo un día de investigación pero...
- Llámame Marta, por favor. Pero que mal nacido, ¿y ahora que? necesito un abogado, ¿conoces alguno de bueno?
La señora de Andrés ahora quería un abogado y que la llamaran Marta. Le pasé la tarjeta de uno matrimonial, buen amigo mío y con el que voy a comisión.
- He de saber más. Quiero que le sigas. ¡Y a ella también! reúne pruebas. Me lo cepillaré en los tribunales.
- Bueno Marta, eso me llevará unos días de investigación, ya conoces mis honorarios, ¿cierto?
- Sigue con el caso, Alfred. Pagaré lo que sea. Por anticipado si así lo deseas.
Solo llevamos casados siete meses... Que vergüenza…
Me habría encantado seguir charlando con Marta de lo malvados que pueden llegar a ser algunos hombres, pero mi instinto de detective me decía que no era el tipo de mujer que se derrumba en el primer hombro que se le arrima.
Ella se fue a llorar a alguna parte y yo me quedé pensativo enfrente del salvapantallas.
- Decididamente, son los pómulos.
Según estaban las cosas el siguiente paso era descubrir algo más sobre Candela Linares y su vida, sabia donde localizarla pero aún no la había visto nunca, ponerle rostro a la presunta amante de Alberto de Andrés sería entonces el objetivo de la jornada.
“Introduzco su nombre y dirección en la web de Páginas Amarillas,
consigo su teléfono con un solo click y lo añado a mi móvil.
Me pongo la chaqueta y cojo el casco; esta vez voy en Vespa.”
Invité a la señora de Andrés a sentarse tras darle los buenos días. Escuché su estomago rugir.
- Señora de Andrés, ¿conoce a una mujer llamada Candela Linares que vive en la avenida paralelo 56, 2º1º?
- ¿Candela Linares? no en absoluto, ¿por que? ¿Quién es?
- Lo desconozco pero su marido fue a visitarla ayer al salir del trabajo y estuvo ahí desde las 20:15 hasta las 21:27 horas.
- Ayer llego a casa mas tarde porque tenía una reunión quizá estaba…
- Le saque estas fotos al salir.
- ¿Que hace con una bolsa de basura?
- Estas fotos son del contenido de la bolsa.
- Que hijodeputa. ¿Es su amante? ¿¿Tiene una amante?? ¿De que edad?
- No lo sé, señora de Andrés. Solo llevo un día de investigación pero...
- Llámame Marta, por favor. Pero que mal nacido, ¿y ahora que? necesito un abogado, ¿conoces alguno de bueno?
La señora de Andrés ahora quería un abogado y que la llamaran Marta. Le pasé la tarjeta de uno matrimonial, buen amigo mío y con el que voy a comisión.
- He de saber más. Quiero que le sigas. ¡Y a ella también! reúne pruebas. Me lo cepillaré en los tribunales.
- Bueno Marta, eso me llevará unos días de investigación, ya conoces mis honorarios, ¿cierto?
- Sigue con el caso, Alfred. Pagaré lo que sea. Por anticipado si así lo deseas.
Solo llevamos casados siete meses... Que vergüenza…
Me habría encantado seguir charlando con Marta de lo malvados que pueden llegar a ser algunos hombres, pero mi instinto de detective me decía que no era el tipo de mujer que se derrumba en el primer hombro que se le arrima.
Ella se fue a llorar a alguna parte y yo me quedé pensativo enfrente del salvapantallas.
- Decididamente, son los pómulos.
Según estaban las cosas el siguiente paso era descubrir algo más sobre Candela Linares y su vida, sabia donde localizarla pero aún no la había visto nunca, ponerle rostro a la presunta amante de Alberto de Andrés sería entonces el objetivo de la jornada.
“Introduzco su nombre y dirección en la web de Páginas Amarillas,
consigo su teléfono con un solo click y lo añado a mi móvil.
Me pongo la chaqueta y cojo el casco; esta vez voy en Vespa.”
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infidelidades (1),
Infidelidades (2),
Infidelidades (3)
lunes, 4 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (2)
Una hora antes de que saliera del trabajo ya tenía mi furgoneta aparcada prudencialmente cerca del coche con la matrícula que me había apuntado la señora de Andrés. Reconocí rápidamente a Alberto cuando lo vi salir de la fábrica pero esperé a cerciorarme del todo cuando subiera al coche. No me había equivocado, ya no cabía duda, era el hombre.
Le seguí con la furgoneta a tres-cuatro coches de distancia. Esperé mientras él comía con algún cliente en un bonito y seguramente caro restaurante con vistas en el tibidabo. Yo ya iba comido así que aproveché para leer el País, justo releía las necrológicas cuando les vi salir con la tripa bien llena y seguramente cargados de paella y Cardhu.
Tras un par de visitas de negocios más por el paseo de gracia en el centro de la ciudad volvimos al polígono.
Alberto ya no se movió hasta las ocho, fueron casi tres horas más de espera.
Tres horas para un detective no es nada. Yo he llegado a esperar más de doce durante varias semanas seguidas. Me leí un par de cómics de Batman.
Que te paguen por leer es un lujo pero al salir de trabajar el señor de Andrés no fue directo a casa, tuve que aparcar las aventuras del detective murciélago en la guantera de la furgo y ponerme en marcha. Imaginé a su señora esposa esperándole sin conseguir centrarse demasiado en el concurso de la tarde.
El señor de Andrés aparcó cerca de la av. Paralelo. Yo seguí con la furgoneta, no quería aparcar en doble fila, te ponen una multa y te arreglan el caso. Me fijé en el portal donde entraba sin darme tiempo a fotografiarlo, seguí con tranquilidad. Aparqué por fin a los diez minutos y me apresuré en volver al portal. No había portero así que escogí dos timbres al azar del interfono y dije eso de: - - Correo comercial!
Una vez dentro saqué varias fotos de los buzones con la camarita digital. No vi nada que indicara que ahí hubiese una casa de citas. Ni timbres rojos ni nada por el estilo. Salí de la portería y también le saque varias fotos.
Localicé un bar que algún día habría sido de pescadores pero en el que ahora solo habían musulmanes. No suelo ser racista y la ubicación era excelente para vigilar en condiciones la salida del señor de Andrés tomando un café. Saludé a la clientela.
Una hora y doce minutos después la presa asomaba el hocico de su guarida.
Y venía con sorpresa.
"Lleva una bolsa de basura. Nadie tira la basura de sus clientes. Pero tampoco un cliente le tira la basura a las prostitutas. ¿Tienes una amante sr de Andrés? ¿o fuiste a visitar a la abuela? La bolsa es de color lila, con asas naranjas de esas que cierran solas al tirar de ellas. Pasa por enfrente del bar. Va al contendor de la esquina, espero que no haya muchas bolsas iguales dentro. Salgo corriendo del bar y me camuflo detrás de un coche. Fotografío justo el momento en el que Alberto abre el contenedor y levanta la bolsa. Le dejo marchar."
Escarbar en la basura es también parte de mi trabajo. Había más bolsas de basura lilas en el contenedor pero no estaban arriba del montón. Cojí la bolsa y me la llevé a la furgona aún a riesgo de parecer un Diógenes ante los musulmanes del bar donde hice la espera. Así es el curro.
"Dejo la bolsa de basura en la parte de atrás de la furgoneta y empiezo a hurgar.
Entre pieles de frutas, restos de macarrones con tomate, colillas y kleenex encuentro dos sobres vacíos de recibos a nombre de Candela Linares y varios condones usados, cuento hasta cinco de ellos. Pues al final igual si que serás un canalla amigo de Andrés. Tomo fotos de la bolsa de basura, fotos de su interior y también fotos de los sobres con el nombre que nos da la clave del misterio: Candela Linares."
Llamo con el celular a la señora de Andrés:
- Soy Alfred Mercader, su investigador privado señora, sí, deberíamos vernos mañana.
Le seguí con la furgoneta a tres-cuatro coches de distancia. Esperé mientras él comía con algún cliente en un bonito y seguramente caro restaurante con vistas en el tibidabo. Yo ya iba comido así que aproveché para leer el País, justo releía las necrológicas cuando les vi salir con la tripa bien llena y seguramente cargados de paella y Cardhu.
Tras un par de visitas de negocios más por el paseo de gracia en el centro de la ciudad volvimos al polígono.
Alberto ya no se movió hasta las ocho, fueron casi tres horas más de espera.
Tres horas para un detective no es nada. Yo he llegado a esperar más de doce durante varias semanas seguidas. Me leí un par de cómics de Batman.
Que te paguen por leer es un lujo pero al salir de trabajar el señor de Andrés no fue directo a casa, tuve que aparcar las aventuras del detective murciélago en la guantera de la furgo y ponerme en marcha. Imaginé a su señora esposa esperándole sin conseguir centrarse demasiado en el concurso de la tarde.
El señor de Andrés aparcó cerca de la av. Paralelo. Yo seguí con la furgoneta, no quería aparcar en doble fila, te ponen una multa y te arreglan el caso. Me fijé en el portal donde entraba sin darme tiempo a fotografiarlo, seguí con tranquilidad. Aparqué por fin a los diez minutos y me apresuré en volver al portal. No había portero así que escogí dos timbres al azar del interfono y dije eso de: - - Correo comercial!
Una vez dentro saqué varias fotos de los buzones con la camarita digital. No vi nada que indicara que ahí hubiese una casa de citas. Ni timbres rojos ni nada por el estilo. Salí de la portería y también le saque varias fotos.
Localicé un bar que algún día habría sido de pescadores pero en el que ahora solo habían musulmanes. No suelo ser racista y la ubicación era excelente para vigilar en condiciones la salida del señor de Andrés tomando un café. Saludé a la clientela.
Una hora y doce minutos después la presa asomaba el hocico de su guarida.
Y venía con sorpresa.
"Lleva una bolsa de basura. Nadie tira la basura de sus clientes. Pero tampoco un cliente le tira la basura a las prostitutas. ¿Tienes una amante sr de Andrés? ¿o fuiste a visitar a la abuela? La bolsa es de color lila, con asas naranjas de esas que cierran solas al tirar de ellas. Pasa por enfrente del bar. Va al contendor de la esquina, espero que no haya muchas bolsas iguales dentro. Salgo corriendo del bar y me camuflo detrás de un coche. Fotografío justo el momento en el que Alberto abre el contenedor y levanta la bolsa. Le dejo marchar."
Escarbar en la basura es también parte de mi trabajo. Había más bolsas de basura lilas en el contenedor pero no estaban arriba del montón. Cojí la bolsa y me la llevé a la furgona aún a riesgo de parecer un Diógenes ante los musulmanes del bar donde hice la espera. Así es el curro.
"Dejo la bolsa de basura en la parte de atrás de la furgoneta y empiezo a hurgar.
Entre pieles de frutas, restos de macarrones con tomate, colillas y kleenex encuentro dos sobres vacíos de recibos a nombre de Candela Linares y varios condones usados, cuento hasta cinco de ellos. Pues al final igual si que serás un canalla amigo de Andrés. Tomo fotos de la bolsa de basura, fotos de su interior y también fotos de los sobres con el nombre que nos da la clave del misterio: Candela Linares."
Llamo con el celular a la señora de Andrés:
- Soy Alfred Mercader, su investigador privado señora, sí, deberíamos vernos mañana.
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infidelidades (1),
Infidelidades (2)
domingo, 3 de mayo de 2009
INFIDELIDADES (1)
Las infidelidades reportan el 80 por cien de las entradas de dinero de la mayoria de las agencias de investigación privada.
Infidelidades claro, las hay de todo tipo, laborales, sentimentales, contractuales, etc.
Mis infidelidades favoritas por razones que rápidamente entenderéis son las sentimentales.
Valga por ejemplo este caso en el que trabajé hace unos meses.
Mi secretaria me había concertado cita a las nueve de la mañana con una tal señora de Andrés, cuando fui a mi despacho a las nueve menos cuarto para recoger un poco el escritorio ya estaba en la puerta esperando.
La señora de Andrés tendría entre 30 y 40 años, con las mujeres adineradas nunca se puede saber del cierto, así que hay que darles un margen, os lo dice un detective.
Me esforcé en deducir que parte de su cara era la que le habia retocado el cirujano
pero no saqué nada en claro. Algo había que rompía la naturalidad de su expresión.
Abrí la puerta y le dije que entrara, el despacho estaba a oscuras y olía a cerrado, vacié las colillas del cenicero en un cubo debajo del escritorio iluminándome solo con el salvapantallas del ordenador que por algún motivo había quedado toda la noche encendido; después abrí la luz general. Tampoco se veía un despacho tan desastroso. Según mi secretaria el saco de boxeo que cuelga de la viga del techo desentona con la madera de roble. Invité a la señora de Andrés a que se sentara. No quiso café así que pasó directamente a exponerme el caso.
La señora de Andrés, como la mayoria,sospechaba que su marido le era infiel. Me contó que solo llevaban casados 7 meses y luego esperó algún tipo de reacción por mi parte, como si ese hecho sobre las fechas importara algo o me tuviera que sorprender. La gente tiende a pensar que todo es importante o puede ser crucial cuando se esta hablando con un detective.
Su marido, Alberto, trabajaba de comercial en una conocida empresa de 4x4 familiar. Ese sí era un dato importante y crucial asi que apunté la dirección donde trabajaba y sus horarios laborales, modelo y matricula del coche e informé de mis honorarios a mi nueva cliente asegurándole que la llamaría pronto.
Al poco me encontraba solo en el despacho con tres fotos del señor de Andrés que me miraban. En una parecía reclamarme complicidad, en la segunda respeto y en la última compasión. No parecía un canalla el tal Alberto; aunque supongo que nadie lo parece el día de su boda.
Me hice un café de Rosabaya Colombiana en la Nespresso y calculé
el trayecto en el Google Maps para hacerme una idea de lo que tardaría en llegar a la fábrica. Yo prefiero ir en Vespa cuando son cosas simples, facilita mucho la conducción por Barcelona, sobretodo el aparcamiento y los cambios de direcciones precipitados, pero la fábrica estaba algo alejada en un polígono de la periferia así que finalmente me decidí por coger las llaves de la furgoneta por miedo a en algún momento poder quedarme atrás.
Apenas eran las nueve y media de la mañana y hasta las dos del mediodía no podía hacer nada más por los señores de Andrés con lo que aparté el caso por un rato.
"Si.. quizá eran los pómulos, o puede incluso que la nariz.."
Infidelidades claro, las hay de todo tipo, laborales, sentimentales, contractuales, etc.
Mis infidelidades favoritas por razones que rápidamente entenderéis son las sentimentales.
Valga por ejemplo este caso en el que trabajé hace unos meses.
Mi secretaria me había concertado cita a las nueve de la mañana con una tal señora de Andrés, cuando fui a mi despacho a las nueve menos cuarto para recoger un poco el escritorio ya estaba en la puerta esperando.
La señora de Andrés tendría entre 30 y 40 años, con las mujeres adineradas nunca se puede saber del cierto, así que hay que darles un margen, os lo dice un detective.
Me esforcé en deducir que parte de su cara era la que le habia retocado el cirujano
pero no saqué nada en claro. Algo había que rompía la naturalidad de su expresión.
Abrí la puerta y le dije que entrara, el despacho estaba a oscuras y olía a cerrado, vacié las colillas del cenicero en un cubo debajo del escritorio iluminándome solo con el salvapantallas del ordenador que por algún motivo había quedado toda la noche encendido; después abrí la luz general. Tampoco se veía un despacho tan desastroso. Según mi secretaria el saco de boxeo que cuelga de la viga del techo desentona con la madera de roble. Invité a la señora de Andrés a que se sentara. No quiso café así que pasó directamente a exponerme el caso.
La señora de Andrés, como la mayoria,sospechaba que su marido le era infiel. Me contó que solo llevaban casados 7 meses y luego esperó algún tipo de reacción por mi parte, como si ese hecho sobre las fechas importara algo o me tuviera que sorprender. La gente tiende a pensar que todo es importante o puede ser crucial cuando se esta hablando con un detective.
Su marido, Alberto, trabajaba de comercial en una conocida empresa de 4x4 familiar. Ese sí era un dato importante y crucial asi que apunté la dirección donde trabajaba y sus horarios laborales, modelo y matricula del coche e informé de mis honorarios a mi nueva cliente asegurándole que la llamaría pronto.
Al poco me encontraba solo en el despacho con tres fotos del señor de Andrés que me miraban. En una parecía reclamarme complicidad, en la segunda respeto y en la última compasión. No parecía un canalla el tal Alberto; aunque supongo que nadie lo parece el día de su boda.
Me hice un café de Rosabaya Colombiana en la Nespresso y calculé
el trayecto en el Google Maps para hacerme una idea de lo que tardaría en llegar a la fábrica. Yo prefiero ir en Vespa cuando son cosas simples, facilita mucho la conducción por Barcelona, sobretodo el aparcamiento y los cambios de direcciones precipitados, pero la fábrica estaba algo alejada en un polígono de la periferia así que finalmente me decidí por coger las llaves de la furgoneta por miedo a en algún momento poder quedarme atrás.
Apenas eran las nueve y media de la mañana y hasta las dos del mediodía no podía hacer nada más por los señores de Andrés con lo que aparté el caso por un rato.
"Si.. quizá eran los pómulos, o puede incluso que la nariz.."
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viernes, 1 de mayo de 2009
Capullos
A rasgos generales se podría decir que la primera impresión que doy es la de ser un poco capullo. Pero si pienso en todos esos detectives con los que compartí mi infancia, y en su medida también gran parte de la adolescencia, creo que no hay ni uno solo de todos ellos, que a primera impresión no pudiera parecer también un poco capullo.
Sam Spade, Sherlock Holmes, Philip Marlow, Mike Hammer o Magnum…
Solo son algunos de mis capullos favoritos.
Eso es lo único que tengo en común con ellos, ser detective y un poco capullo. Por lo demás yo no llevo pistola, (eso no quiere decir que no tenga, pero no la llevo nunca encima y aunque la llevara difícilmente podría darle a nadie porque solo tengo munición de fogueo.), tampoco uso gabardina ni conduzco un descapotable, en realidad voy en vespa, no he descubierto grandes enigmas ni resuelto ningún misterio mediático y solo una vez me tuve que pelear y fue con un taxista con el que topé en un cruce mientras realizaba un seguimiento a un trabajador desleal, aún con eso a lo largo de estos doce años de profesión he podido participar en algunos casos que quizá puedan parecer interesantes, puede que curiosos a algún tipo de lector.
Sam Spade, Sherlock Holmes, Philip Marlow, Mike Hammer o Magnum…
Solo son algunos de mis capullos favoritos.
Eso es lo único que tengo en común con ellos, ser detective y un poco capullo. Por lo demás yo no llevo pistola, (eso no quiere decir que no tenga, pero no la llevo nunca encima y aunque la llevara difícilmente podría darle a nadie porque solo tengo munición de fogueo.), tampoco uso gabardina ni conduzco un descapotable, en realidad voy en vespa, no he descubierto grandes enigmas ni resuelto ningún misterio mediático y solo una vez me tuve que pelear y fue con un taxista con el que topé en un cruce mientras realizaba un seguimiento a un trabajador desleal, aún con eso a lo largo de estos doce años de profesión he podido participar en algunos casos que quizá puedan parecer interesantes, puede que curiosos a algún tipo de lector.
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jueves, 30 de abril de 2009
Detective en Barcelona
Alfred Mercader.
Barcelona, Spain.
Soy detective privado con 12 años de experiencia en diferentes agencias de investigación. Gracias a mi profesión he podido trabajar en distintas partes del mundo como Cuba, Kenia, Hungría, Italia, Holanda, Marruecos, Jordania o Israel. Este es mi blog personal pero por unas razones mínimas de ética profesional cambiaré los nombres de todos los implicados en los casos, empezando por mí mismo, así que para vosotros aquí seré Alfred Mercader. Bienvenidos a mi espacio.

Barcelona, Spain.
Soy detective privado con 12 años de experiencia en diferentes agencias de investigación. Gracias a mi profesión he podido trabajar en distintas partes del mundo como Cuba, Kenia, Hungría, Italia, Holanda, Marruecos, Jordania o Israel. Este es mi blog personal pero por unas razones mínimas de ética profesional cambiaré los nombres de todos los implicados en los casos, empezando por mí mismo, así que para vosotros aquí seré Alfred Mercader. Bienvenidos a mi espacio.

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