martes, 12 de mayo de 2009

INFIDELIDADES (6)

Tras dejar a Alberto miré el reloj autómatamente para apuntar la hora de su llegada en el bloc de notas de la guantera. 08:40 PM El zorro vuelve a su madriguera. Aparté lo justo la furgoneta del hogar y las ventanas de los de Andrés pero sin irme demasiado lejos. Era buena hora para resolver un asunto pendiente. Marqué el número de Candela Linares accionando el modo grabadora del móvil y envolví el aparato hasta dos veces con un pañuelo para modificar los graves de mi voz. Apagué el contacto de la furgo y descolgaron justo después del Rassss! del freno de mano.

- Si ¿Dígame?
- Hola…¿Candela?
- ¿Hola? ¿Con quién hablo?
- Hola, mira me han dicho que eres muy buena haciendo ciertos servicios especiales..
- Ahá, ¿y quien te dijo eso?
- Mi abogado.
- Que gracioso.
- Me han puesto los dientes largos y me gustaría probar.
- Para empezar deberías llamarme “Ama” Candela y mostrar tu respeto.
- Claro, Ama Candela. Soy Alfred.
- Bien ¿sabes que te voy a costar un montón de dinero, pequeño Alfred?
- Sí, eso quiero, que me uses, Ama Candela, el dinero no importa si me das lo que necesito.
- A mí sí me importa. Y háblame de usted. No estás hablando con una puta cualquiera.
- Perdone, Ama Candela. No volverá a ocurrir.
- ¿Qué cosas te gustan, pequeño Alfred?
- Bueno soy algo nuevo en esto, no sé que me podrías ofrecer.
- ¿Nunca has practicado sadomasoquismo antes?
- No, Ama Candela. Nunca, bueno... con alguna aficionada hice mis pinitos, pero sería mi primera sesión con una mistress de su altura.
- Ahá, no te vas a arrepentir. A partir de ahora vas a ser mío. Olvida todo lo demás,
vivirás y comerás para mí.
- Sí, mi ama.
- Nos conoceremos esta noche. ¿Sabes dónde vivo?
- Sí lo tengo apuntado, por av. paralelo… 56.. 2º1º?
- Ok, pues te espero a las once para conocernos y no vengas con las manos vacías si no quieres probar mi potro de torturas.
- Gracias Ama Candela, no faltaré.

Desgraciadamente nunca llegué a ir a tan sugerente cita. Esa noche me limité a volver a mi casa, ducharme, freir unos huevos y escuchar de nuevo la conversación para asegurarme que había quedado bien registrada en mi Nokia.
Todo un carácter la señorita Candela, sacar el dinero a sus clientes de ese modo me pareció por un momento casi digno de admiración; rápidamente me surgieron dudas, quizá lo único que hacía era aprovecharse de enfermos mentales, de sus trastornos psicológicos y de sus vidas irremediablemente vacías de ciudad para sangrarles la cartera. Luego pensé que eso también era exactamente lo que hacia yo en el caso de los de Andrés.

De algún modo sentirme tan cerca de una prostituta dominicana me revolvió las tripas; o quizá sólo fuera la rosabaya mezclándose con los huevos fritos, no lo sé, pero esa noche ya no serví para nada.


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