viernes, 8 de mayo de 2009

INFIDELIDADES (5)

Como ya había previsto en el bar, la mezcolanza de la rosabaya colombiana con el durum pakistaní desembocó en una especie de guerra santa del Islam contra los sicarios del cartel de Medellín en mi curtido estomago de detective.
Solté la bomba atómica desde el B-9 antes de que el conflicto llegara a mayores.
Puede ver entre mis piernas Hiroshima y Nagasaki haciendo ondas expansivas en el fondo del retrete. Y en medio, ahí estaba la gran seta.
- Lucky Strike, Enola Gay!

No había rastro del jamón ni del lote de embutidos en el despacho así que me senté en el escritorio a esperar a mi secretaría jugando al ChessTitans. Estaba en el nivel 4. Hasta ahora el software no me había dado muchos problemas para vencerle. No soy un gran ajedrecista, de niño lo detestaba y para ser muy bueno en algo hay que practicarlo desde muy temprana edad. Yo de chaval prefería el Arkanoid pero aún así el nivel 4 ya había perdido su torre y los dos caballos cuando llegó mi secretaría cargada con un variado surtido de productos ibéricos.

Ahora podía seguir jugando al chess o dejar la partida guardada y volver al Paralelo.
Contando que mis honorarios habían aumentado considerablemente al añadir la cesta de Navidul de cara al baremo final que facturarle a la señora de Andrés, pensé que sería mejor no prolongar un día más el siguiente paso a llevar a cabo. Identificar físicamente
a Candela Linares.

Me vestí con una camisa y unos pantalones bastante más vulgares que el jersey de fred perrys y los tejanos que llevaba puestos con el fin de aparentar lo que imaginé sería la justa sobriedad de un transportista de Navidul,
Cargue la cesta con el jamón en la parte trasera de la furgoneta y miré la hora en el panel de mando una vez sentado al volante. 05:26 pm. Una hora cojonuda para hacer entregas.

Llamé al interfono del 2º1º en avenida paralelo, 56.

-¿Quién llama?
- Navidul! Le traigo un paquete.

“Se abre la puerta, subo en ascensor con la cesta en los pies y el jamon manchándome las mangas de la camisa de grasa porcina. La puerta esta cerrada así que le doy al timbre como puedo sin soltar el jamón. La puerta se abre. Es ella. Viste con un camisón negro y largo, no parece que mintiera con la edad, pero sin ser bonita se mantiene muy bien.
Sus rasgos son duros, intimidan un poco.

- Le traigo un Jamón y un variado de Ibéricos de Navidul.
- Ah sí, que rápidos, por lo de la encuesta de esta mañana, déjelo aquí
mismo. ¿No tendré que pagar nada, no?
- Por supuesto que no solo echarme una firmita conforme le ha sido entregado.
¿Quiere que le deje esto en la cocina? Lo digo porque mancha un poco. El jamón es
lo que tiene.
- Oh, pues si por favor. Mejor. Así ya le firmo ahí.
Cruzo la casa con ella, el piso esta en buen estado, antiguo pero reformado, el clima es bastante cálido, la luz es tenue, hay una mesa baja, las persianas dejan entrar un palmo de luz que las cortinas filtran tiñendo el sofá marfil de un tono mas salmón. Llegamos a la cocina. Esta todo limpio. Dejo el jamón y la cesta al lado del salpicadero y le doy un boleto a Candela.

-Solo tiene que rellenarme esto.
-Ok, quiere un vaso de agua?
- Em no pero si no le importa podría dejarme usar su baño?

A Candela se le cambia un poco el estricto rostro, aunque reacciona con cierta naturalidad.

- Sí, ahí, es la segunda puerta.

Salgo de la cocina mientras Candela rellena un presunto boleto de entrega que no lleva a ningún lado. Paso por delante de la primera puerta, esta cerrada me ha dicho la segunda pero quiero entrar en las dos, si me ve diré que entendí mal su indicación, no me lo pienso y abro la puerta que no es.
Un hombre calvo atado y amordazado a un potro de tortura con una pinza de metal en cada pezón y varias más en los huevos me mira con los ojos muy abiertos levantando el cuello. Por su mueca de espanto entiendo que lo último que quiere ver este tío ahora es mi cara.
Escucho un bbbbzzzz. Un sonido de vibración sorda, apagada; persistente pero sutil se esta filtrando en mis oídos. Este hombre debe llevar eso metido ahí dentro desde que llamé por el telefonillo. Cierro la puerta y ahora sí, me meto en el baño. Todo parece normal aquí dentro, corro la cortina de la bañera. Examino los botes. Abro un pequeño armario y dos cajones. Me miro al espejo y me lavo las manos en el salpicadero. Tiro la cadena y vuelvo a la cocina. Candela justo ya esta acabando de rellenar el formulario. Hora de marcharse.”

Me quedé en el bar de Mohama tomando un Campari hasta las siete, después me fui con la furgo a buscar a Alberto de Andrés para seguirlo desde su salida del trabajo. Esta vez se portó bien y fue directo a casa.

1 comentario:

  1. me parto el culo, qué facilidad tienes mamonazo. ale, besines. y sigue que quiero saber más!

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