Le seguí con la furgoneta a tres-cuatro coches de distancia. Esperé mientras él comía con algún cliente en un bonito y seguramente caro restaurante con vistas en el tibidabo. Yo ya iba comido así que aproveché para leer el País, justo releía las necrológicas cuando les vi salir con la tripa bien llena y seguramente cargados de paella y Cardhu.
Tras un par de visitas de negocios más por el paseo de gracia en el centro de la ciudad volvimos al polígono.
Alberto ya no se movió hasta las ocho, fueron casi tres horas más de espera.
Tres horas para un detective no es nada. Yo he llegado a esperar más de doce durante varias semanas seguidas. Me leí un par de cómics de Batman.
Que te paguen por leer es un lujo pero al salir de trabajar el señor de Andrés no fue directo a casa, tuve que aparcar las aventuras del detective murciélago en la guantera de la furgo y ponerme en marcha. Imaginé a su señora esposa esperándole sin conseguir centrarse demasiado en el concurso de la tarde.
El señor de Andrés aparcó cerca de la av. Paralelo. Yo seguí con la furgoneta, no quería aparcar en doble fila, te ponen una multa y te arreglan el caso. Me fijé en el portal donde entraba sin darme tiempo a fotografiarlo, seguí con tranquilidad. Aparqué por fin a los diez minutos y me apresuré en volver al portal. No había portero así que escogí dos timbres al azar del interfono y dije eso de: - - Correo comercial!
Una vez dentro saqué varias fotos de los buzones con la camarita digital. No vi nada que indicara que ahí hubiese una casa de citas. Ni timbres rojos ni nada por el estilo. Salí de la portería y también le saque varias fotos.
Localicé un bar que algún día habría sido de pescadores pero en el que ahora solo habían musulmanes. No suelo ser racista y la ubicación era excelente para vigilar en condiciones la salida del señor de Andrés tomando un café. Saludé a la clientela.
Una hora y doce minutos después la presa asomaba el hocico de su guarida.
Y venía con sorpresa.
"Lleva una bolsa de basura. Nadie tira la basura de sus clientes. Pero tampoco un cliente le tira la basura a las prostitutas. ¿Tienes una amante sr de Andrés? ¿o fuiste a visitar a la abuela? La bolsa es de color lila, con asas naranjas de esas que cierran solas al tirar de ellas. Pasa por enfrente del bar. Va al contendor de la esquina, espero que no haya muchas bolsas iguales dentro. Salgo corriendo del bar y me camuflo detrás de un coche. Fotografío justo el momento en el que Alberto abre el contenedor y levanta la bolsa. Le dejo marchar."
Escarbar en la basura es también parte de mi trabajo. Había más bolsas de basura lilas en el contenedor pero no estaban arriba del montón. Cojí la bolsa y me la llevé a la furgona aún a riesgo de parecer un Diógenes ante los musulmanes del bar donde hice la espera. Así es el curro.
"Dejo la bolsa de basura en la parte de atrás de la furgoneta y empiezo a hurgar.
Entre pieles de frutas, restos de macarrones con tomate, colillas y kleenex encuentro dos sobres vacíos de recibos a nombre de Candela Linares y varios condones usados, cuento hasta cinco de ellos. Pues al final igual si que serás un canalla amigo de Andrés. Tomo fotos de la bolsa de basura, fotos de su interior y también fotos de los sobres con el nombre que nos da la clave del misterio: Candela Linares."
Llamo con el celular a la señora de Andrés:
- Soy Alfred Mercader, su investigador privado señora, sí, deberíamos vernos mañana.

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