lunes, 8 de junio de 2009

INFIDELIDADES (10)

Había pasado el resto del día comido por los nervios y tarifando la extensa factura de gastos que llevaba acumulados en el caso de los de Andrés.
En un principio era relativamente un caso sencillo. Pero todo lo sencillo tiende a complicarse por alguna extraña relación causa efecto que nunca acabo de alcanzar.
Ser un detective analítico tiene sus pros y sus contras.
Eran las ocho de la tarde en punto cuando llamé a la señora de Andrés.

- Hola Marta soy Alfred.
- Hola Alfred, dime.
- ¿Le ha invitado su marido esta noche a cenar?
- ¿a cenar? No, claro que no, si ni siquiera dormimos juntos, menos cenamos.
- ¿Le ha dicho si llegaría tarde o si pasaría la noche fuera?
- Sí, dijo que dormiría en casa de su madre. ¿Por qué? ¿Que pasa?
- Con un poco de suerte hoy conseguiré las fotos.
- Es un cerdo.. y ella… ella ¡Es una puta!
- Marta, es muy importante que no perdamos los nervios ahora, mantenme
informado de cualquier cambio y recuerde declinar toda invitación para ir a
cenar esta noche por parte de su marido.
- Si ese cerdo va a ir a cenar con esa ramera quiero las fotos mañana.
- La mantendré informada, Marta. Tranquilícese.
- Quiero las fotos y acabar con esto, Alfred. Estoy harta. Ya no aguanto más.
- Te llamaré mañana, Marta. Confía en mí.
- Llevo 15 días confiando en ti. Acaba con esto.

“Estoy en la furgoneta comiendo palomitas. Mi secretaria me ha mandado un mensaje que no podrá venir así que me espera una larga noche solitaria. Alberto ha salido del trabajo con su coche. Son las ocho treinticinco de la tarde. Le sigo hasta casa de su madre. Como le de por llevar a cenar a la vieja estoy frito. Vuelve a aparecer 40 minutos más tarde, solo, duchado y con un traje nuevo. Me alegro bastante pero no lo exteriorizo, lo más difícil aún esta por lograr. Cruzo los dedos para que vaya dirección paralelo. Mi sonrisa se va ampliando a cada metro que avanzamos por la ronda. Vas directo a la trampa pequeño cervatillo. Tramamos el diseño de mi rompecabezas analítico con las cuatro ruedas de su deportivo remarcándolas yo varios metros por detrás con las de mi furgoneta. Me aparca en doble fila medio subido al carril bici y aquí no me puedo detener sin llamar su atención, apaga el motor, va a bajar, paso de largo por delante suyo y me desvío en el semáforo hacia la derecha. Freno de mano. Cojo la cámara de fotos y salgo corriendo. Alberto esta apoyado en su coche esperando, Candela aún no ha bajado, él mira su reloj, yo miro a mi alrededor desde la esquina sin perder ojo a la furgoneta mal estacionada.
La av. Paralelo a las diez menos cuarto de la noche no es precisamente un sitio tranquilo. La espera esta vez sí se me hace eterna. Diecisiete minutos escondido tras la señal de stop de la esquina vigilando con un ojo a Alberto y con el otro a mi furgo deja bizco a cualquiera. Cuando por fin baja Candela vestida de largo, toda de negro, no parece una puta pero yo si lo pienso, pienso de corazón: ya era hora, puta de los cojones. Alberto le besa la mano, no es mucho pero lo capturo con mi cámara, también como le abre la puerta. Abro zoom para que se vea bien la matricula de su deportivo. Alberto de Andrés es todo un caballero. Estoy muy emocionado. Me guiño el ojo a mi mismo en el retrovisor interior de la furgoneta tras cerrar la puerta y arranco a toda prisa dirección al Ritz.”

Evidentemente les cacé entrando y también saliendo del lujoso hotel a la mañana siguiente. No había elegido el Ritz al azar. El Ritz es un sitio ideal para atraer un nuevo rico putero hijo de papá como Alberto de Andrés, desde luego que tras quince días de seguimiento ya conocía sus hábitos lo suficiente como para saber que era un buen cebo, pero habría otros sitios similares si solo se tratara de eso. Elegí el Ritz porque tengo mano con uno de los botones. Los detectives siempre tratamos de que la bolsa de favores este de nuestro lado y ese tío me debía un par.
Tener a Alberto entrando y saliendo con su amante de un hotel de lujo ya era de sobra suficiente para que Marta de Andrés me diera las gracias, un abrazo con sus gomas operadas y una buena propina que lógicamente no aceptaría primero porque ya me la había cobrado antes en la factura y segundo porque las personas que no aceptan propinas me dan seguridad; y yo soy un agente de la seguridad no el botones Sacarino.
Para mi el hecho de que Marta ganase el juicio ya era irrelevante. Ser el mejor supone esfuerzos adicionales y ciertamente gratuitos. Entre hacerlo y no hacerlo, si se puede, se hace. Pasé por recepción a recoger el receptor y la mini-cámara que había estado toda la noche escondida tras el espejo de la habitación 306, ya me estaba esperando Pedro, mi eficiente y por lo que pude notar bastante nervioso botones. Le dí las gracias y me puso cara como de que hay favores que son mas bien putadas.
Al llegar al despacho visioné todo el material en blanco y negro con el fastforward para asegurarme que contenía información. No vi nada nuevo, no era un material con el que poder masturbarse a gusto precisamente, solo un plano estático bastante borroso y que a menudo no enfocaba nada en concreto, medias partes de cuerpos y cosas así.
Pensé que de algún modo tenia cierto encanto erotizante, reflejo de estos tiempos modernos; lo que ya no pude imaginar era lo que pensaría la señora Marta de Andrés cuando lo viera, intrigado a la par que emocionado por cerrar el caso me apresuré en llamarla.

Habréis podido comprobar que el trabajo analítico en la investigación privada siempre da sus resultados. No es algo exclusivo de los casos con asesinatos, mayordomos y salones de té. También en los casos más vulgares y cotidianos como podría ser el caso de los de Andrés.
Es algo que deberían aprender muchos de mis compañeros de profesión. Quizá algunos ya lo sepan pero supongo que la pereza, las largas esperas y las dietas ricas en grasas saturadas surgen efecto en ellos. De un modo u otro como ya sabéis los detectives no podemos dejar de ser un poco capullos. Son los gajes de un oficio que consiste fundamentalmente en meterse en el culo de los demás con los ojos muy abiertos y una gran linterna de cuatro pilas.



CASO CERRADO.

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