domingo, 3 de mayo de 2009

INFIDELIDADES (1)

Las infidelidades reportan el 80 por cien de las entradas de dinero de la mayoria de las agencias de investigación privada.
Infidelidades claro, las hay de todo tipo, laborales, sentimentales, contractuales, etc.
Mis infidelidades favoritas por razones que rápidamente entenderéis son las sentimentales.
Valga por ejemplo este caso en el que trabajé hace unos meses.
Mi secretaria me había concertado cita a las nueve de la mañana con una tal señora de Andrés, cuando fui a mi despacho a las nueve menos cuarto para recoger un poco el escritorio ya estaba en la puerta esperando.
La señora de Andrés tendría entre 30 y 40 años, con las mujeres adineradas nunca se puede saber del cierto, así que hay que darles un margen, os lo dice un detective.
Me esforcé en deducir que parte de su cara era la que le habia retocado el cirujano
pero no saqué nada en claro. Algo había que rompía la naturalidad de su expresión.
Abrí la puerta y le dije que entrara, el despacho estaba a oscuras y olía a cerrado, vacié las colillas del cenicero en un cubo debajo del escritorio iluminándome solo con el salvapantallas del ordenador que por algún motivo había quedado toda la noche encendido; después abrí la luz general. Tampoco se veía un despacho tan desastroso. Según mi secretaria el saco de boxeo que cuelga de la viga del techo desentona con la madera de roble. Invité a la señora de Andrés a que se sentara. No quiso café así que pasó directamente a exponerme el caso.
La señora de Andrés, como la mayoria,sospechaba que su marido le era infiel. Me contó que solo llevaban casados 7 meses y luego esperó algún tipo de reacción por mi parte, como si ese hecho sobre las fechas importara algo o me tuviera que sorprender. La gente tiende a pensar que todo es importante o puede ser crucial cuando se esta hablando con un detective.
Su marido, Alberto, trabajaba de comercial en una conocida empresa de 4x4 familiar. Ese sí era un dato importante y crucial asi que apunté la dirección donde trabajaba y sus horarios laborales, modelo y matricula del coche e informé de mis honorarios a mi nueva cliente asegurándole que la llamaría pronto.
Al poco me encontraba solo en el despacho con tres fotos del señor de Andrés que me miraban. En una parecía reclamarme complicidad, en la segunda respeto y en la última compasión. No parecía un canalla el tal Alberto; aunque supongo que nadie lo parece el día de su boda.
Me hice un café de Rosabaya Colombiana en la Nespresso y calculé
el trayecto en el Google Maps para hacerme una idea de lo que tardaría en llegar a la fábrica. Yo prefiero ir en Vespa cuando son cosas simples, facilita mucho la conducción por Barcelona, sobretodo el aparcamiento y los cambios de direcciones precipitados, pero la fábrica estaba algo alejada en un polígono de la periferia así que finalmente me decidí por coger las llaves de la furgoneta por miedo a en algún momento poder quedarme atrás.
Apenas eran las nueve y media de la mañana y hasta las dos del mediodía no podía hacer nada más por los señores de Andrés con lo que aparté el caso por un rato.
"Si.. quizá eran los pómulos, o puede incluso que la nariz.."

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